Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
*Investigador del Instituto de Estudios Peruanos y exministro de Educación
Contra lo que suele afirmarse, las y los jóvenes en el Perú no están menos interesados en la política. Por el contrario, desde el 2006 el interés político entre la juventud de 18 a 24 años aumentó significativamente y ese incremento se ha mantenido. Según Lapop, entre el 2006 y el 2023 el incremento fue de 15 puntos porcentuales. Este crecimiento coincide con un periodo de marcada inestabilidad institucional, a partir del año 2016, momento en el que diversos estudios han identificado como el inicio de un proceso de deterioro del sistema democrático peruano. Desde entonces, el país ha atravesado una serie de crisis que han erosionado la confianza ciudadana y debilitado las instituciones representativas: la censura reiterada de ministros, el polémico indulto a Alberto Fujimori, la renuncia de presidentes, la disolución del Congreso y, finalmente, la crisis del último periodo presidencial: el desconocimiento del voto, el intento de autogolpe y la destitución de Pedro Castillo. Estos episodios han generado un entorno especialmente adverso para la socialización política de las nuevas generaciones.
Sin embargo, este mayor interés no se ha visto acompañado de una mayor satisfacción por la democracia. Hoy, las y los jóvenes se muestran más atentos a los asuntos públicos, pero también más insatisfechos con el funcionamiento de la democracia. Entre el año 2006 y el 2023, la satisfacción con la democracia entre los jóvenes cayó de 42% a 26% y solo una minoría confía en las elecciones, en el Congreso o en la Presidencia.
De hecho, las y los jóvenes constituyen hoy el grupo etario que muestra mayor apertura a alternativas autoritarias. Los datos de Lapop indican que desde el 2021 este incremento por preferencias autoritarias ha venido creciendo entre quienes tienen entre 18 y 24 años y superan a otros grupos de edad hasta en 4%. Esta tendencia no es exclusiva del Perú. Investigaciones recientes en la región muestran que las generaciones más jóvenes exhiben una mayor insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y son el grupo que con menor frecuencia declara preferirla frente a cualquier otra forma de gobierno. Además, este segmento manifiesta actitudes relativamente más permisivas ante la posibilidad de que el Poder Ejecutivo actúe al margen de la Constitución en contextos de corrupción o crisis, e incluso registra mayores niveles de acuerdo con la intervención militar para destituir a un presidente en situaciones críticas.
Esto revela nuestro punto central: cuando el interés político juvenil no se traduce en apoyo al régimen democrático, se abre la posibilidad de inclinarse hacia opciones autoritarias. A esto hemos llamado un combo peligroso: interés por la política, insatisfacción con la democracia y apertura a alternativas autoritarias.
Resulta, entonces, impostergable comprender esta relación distante con la democracia que es, también, un vínculo crítico. Esta situación, sin embargo, no es casual. Existen algunos factores que ayudan a explicarla: la experiencia con la democracia, el género y la situación económica familiar.
Entre los jóvenes, la experiencia democrática es insatisfactoria porque, por un lado, la sola existencia de elecciones e instituciones formales no garantiza una "buena" democracia. Esta lectura tiene respaldo en la evidencia comparada, ya que el apoyo ciudadano a la democracia depende fuertemente de la experiencia acumulada con regímenes democráticos que funcionan de manera efectiva. Lo que fortalece el compromiso con la democracia es la idea de que esta es capaz de ofrecer crecimiento económico, controlar la corrupción, asegurar la estabilidad política y proveer bienes públicos de manera efectiva. Según el informe de opinión pública de mayo de 2025 del IEP, 4 de cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años asocian democracia con igualdad. En ese sentido, el contexto peruano —marcado por una democracia formal que no ha logrado traducirse en bienestar ni en instituciones confiables— ofrece condiciones poco favorables para el arraigo de valores democráticos entre las nuevas generaciones.
Un segundo factor es la percepción de la situación económica. Cuando el contexto personal o familiar se percibe como adverso —cuando el ingreso no alcanza y el endeudamiento se vuelve una necesidad— aumenta la disposición a respaldar liderazgos fuertes que prometen soluciones rápidas. En cambio, quienes experimentan mayor estabilidad económica tienden a rechazar este tipo de alternativas. Las percepciones económicas, por tanto, influyen de manera significativa en las actitudes políticas.
Un tercer factor, aún no del todo concluyente, apunta a la existencia de una brecha de género en la disposición hacia el autoritarismo. Si bien los jóvenes de 18 a 24 años son, en general, más proclives a aceptar gobiernos autoritarios, esta tendencia es más marcada entre los hombres que entre las mujeres. En este marco, la mayor apertura masculina a este tipo de alternativas introduce matices al sugerir que estas transformaciones generacionales podrían estar adoptando formas diferenciadas según género. Estos hallazgos plantean preguntas respecto al rol del movimiento feminista en la configuración política de las mujeres y los cambios de paradigma en relación con los roles de género que se han experimentado en la última década.
En este contexto, el aumento del interés político juvenil puede interpretarse como una forma de repolitización crítica. La frustración ante el desempeño del sistema democrático y la percepción de falta de representación no conducen necesariamente a la apatía, sino a una búsqueda activa de posicionamiento político a través de formas de participación que desbordan los canales institucionales tradicionales.
Si las y los jóvenes están hoy más interesados en la política, pero menos convencidos de la democracia, la pregunta de fondo es: ¿qué nos dice esto sobre el funcionamiento de nuestro sistema político? ¿Qué tipo de experiencia democrática se está ofreciendo a quienes recién inician su vida ciudadana? Si el autoritarismo comienza a percibirse como una opción viable para una parte significativa de la juventud, el desafío no será solo generacional. Es, sobre todo, un llamado de atención a las promesas incumplidas y a las fallas estructurales de la democracia peruana. Allí, en esas promesas incumplidas, reside el verdadero desafío para quien pretenda fortalecer la democracia peruana.

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