A dos días de las elecciones generales, el país enfrenta la multiplicidad de candidaturas que dispersa el voto ciudadano y condiciona el resultado final. En otras palabras, la abundancia de opciones que convive con una menor capacidad de decisión colectiva, en un escenario donde cada voto puede pesar menos si es que no se tiene en cuenta esta realidad.
Al respecto, vale precisar que este panorama responde a decisiones políticas concretas. Las normas vigentes han permitido la proliferación de organizaciones con débil institucionalidad y escaso arraigo. Así, el voto se reparte entre muchas alternativas, mientras quienes cuentan con estructura, recursos y experiencia logran sostener su presencia.
El actual Congreso —con una mayoría articulada en torno a Fuerza Popular, Renovación Popular, Perú Libre, Juntos por el Perú, Alianza para el Progreso y Podemos Perú— es el principal responsable de este despelote. En estas condiciones, la dispersión del voto favorece a los mismos actores que hoy dominan el poder parlamentario.
La reintroducción de la bicameralidad refuerza esta dinámica. Con un Congreso fragmentado, el Senado se convierte en un espacio clave de decisión, donde menos actores, mejor organizados, y con escasas o nulas credenciales democráticas concentran el poder político.
Para la ciudadanía, este momento exige claridad. Cada voto forma parte de un resultado mayor y define cómo se distribuirá el poder luego del domingo 12 de abril.
En este contexto, el voto nulo o en blanco adquiere un peso que conviene al ciudadano anotar. Como expresión de rechazo, canaliza el malestar ciudadano; pero, en un escenario de dispersión como el creado por el pacto corrupto actual, reduce el volumen de votos válidos y eleva el peso relativo de las minorías organizadas. Así, mientras más se diluye el voto efectivo, más se fortalece la capacidad de los mismos grupos para sostener su control en desmedro de los peruanos.
El país necesita representación efectiva y equilibrio institucional. A las puertas de las urnas, el mensaje es directo: dispersar el voto —o retirarlo de la contienda efectiva— ordena el poder en favor de quienes diseñaron estas reglas. En esta elección, así no lo queramos, la forma de votar también decide quién regirá la vida de todos los peruanos.