El Papa León XIV convoca a comprometerse en favor de la justicia

Ante un mundo polarizado y profundamente desigual, las palabras del líder de la Iglesia Católica cobra especial relevancia.

El mundo atraviesa un tiempo marcado por la intensificación de los conflictos. Por ejemplo, en Medio Oriente, o por políticas cada vez más duras contra migrantes, como en el caso de los Estados Unidos. De la misma manera, existe un avance hacia una pretendida normalización de discursos que exaltan la confrontación y apelan a soluciones que implican matar. En el Perú, la última campaña electoral demostró todo ello.

En ese sentido, la reciente publicación del Papa León XIV en la red X se inscribe en esa preocupación: "Cientos de millones de personas en todo el planeta viven sumidas en la pobreza extrema. Es una situación injusta ante la que debemos interrogarnos y comprometernos para cambiar las cosas".

Se trata de una interpelación directa. El líder de un credo tan relevante como la Iglesia católica sitúa la desigualdad en el terreno de las decisiones humanas y convoca a asumir responsabilidad frente a una realidad que puede transformarse.

Esa voz adquiere un peso particular en el Perú. El Papa León conoce de cerca las tensiones sociales, la fragilidad institucional y las múltiples formas de exclusión que atraviesan el país. Su experiencia le permite comprender cómo el lenguaje de la fe puede ser manipulado por intereses políticos.

En esa línea, su preocupación por el avance de la ultraderecha —expresada ante la Conferencia Episcopal Española— advirtió hace unos meses esas dinámicas que tensionan la convivencia democrática y reducen la pluralidad.

Sin embargo, su mensaje mantiene un horizonte abierto. Ese llamado resuena con especial intensidad en el Perú, a pocas horas de unas elecciones generales. Millones de ciudadanos acudirán a las urnas impulsados por expectativas diversas, por convicciones firmes o por la voluntad de incidir en el rumbo del país. En todos los casos, el voto representa una forma concreta de participación en la vida pública.

Interrogarse implica no aceptar pasivamente lo que se nos presenta como evidente. Comprometerse implica asumir que acciones como el votar son una decisión con consecuencias reales sobre la vida de otros, especialmente de aquellos que no tienen voz o cuya voz ha sido sistemáticamente ignorada.

Mañana no se resolverán todos los problemas del país. Pero mañana sí se pone a prueba algo esencial: nuestra disposición a no ser indiferentes. A exigir. A recordar que elegir representantes no es un acto de fe, sino un derecho y un deber. Y que, una vez elegidos, esos representantes deben rendir cuentas y cumplir con las promesas que los llevaron al poder.

El llamado está hecho. La pregunta es si estaremos a la altura de responderlo.