Túpac Amaru y la ciudadanía pendiente

Se cumplen 288 años del nacimiento del precursor indígena de la independencia del Perú.

En el marco del natalicio de José Gabriel Condorcanqui, el país enfrenta algo más que una conmemoración histórica. Han transcurrido 246 años desde el inicio de la rebelión de 1780, y ese tiempo convive con tensiones sociales, territoriales y raciales que aún atraviesan la vida nacional.

Como reconstruye el historiador Charles Walker en La condena de la libertad, editado por Alberto Vergara y Paulo Drinot, todo comenzó cuando Túpac Amaru “apresó a un funcionario, el corregidor Antonio Arriaga” y, ante una multitud, “celebraron contra Arriaga un juicio popular”. Ese acto condensó la ruptura de un sistema político que excluía a la mayoría de derechos plenos y dio lugar a la emergencia de un sujeto que reclamaba justicia desde su propia voz.

“De esta manera empezó la más grande rebelión en la historia colonial de Hispanoamérica”, una movilización que “se difundió rápidamente hacia el sur” y cuyas fuerzas “crecieron hasta llegar a 30.000 combatientes”. En ese proceso, destacó el talante político de Túpac Amaru y de Micaela Bastidas: “buscaron a menudo sin éxito limitar la violencia contra los no españoles” y “buscaban una coalición de múltiples razas y clases”, conteniendo los excesos contra criollos, grupos intermedios y la Iglesia. Su liderazgo combinó una demanda radical de justicia con una vocación de integración.

Esa tensión entre exclusión y pertenencia recorre también el Perú contemporáneo. En 2023, la respuesta estatal frente a la protesta social dejó decenas de muertos en regiones del sur andino como Puno y Ayacucho. Ese episodio expuso una fractura profunda: amplios sectores ciudadanos perciben al Estado como ajeno antes que como propio.

La misma grieta se manifestó en la crisis electoral de 2021, cuando Fuerza Popular y sectores influyentes de la capital cuestionaron los resultados provenientes del sur andino, instalando una narrativa de fraude sin sustento.

En ese escenario, la figura de Túpac Amaru recupera sentido político. Encierra una exigencia que el país aún debe resolver: que cada ciudadano, sin distinción de origen, territorio o lengua, ejerza plenamente su lugar en la comunidad nacional. Esa sigue siendo la medida de nuestra democracia y que hoy, en plena época electoral, debe recordar a todos los peruanos las deudas históricas que requieren saldarse para poder construir, por fin, una república superior, como la que inspira desde su fundación el ejercicio periodístico de esta casa editorial.