El futuro del progresismo latinoamericano

El progresismo latinoamericano debe redefinir sus fundamentos y objetivos políticos. 

Durante los últimos veinticinco años, América Latina atravesó un ciclo político de relativa rotación en el poder y con el surgimiento de discursos de redistribución, de ampliación de derechos sociales y de fortalecimiento del Estado.

En su primera etapa, este proceso produjo transformaciones visibles en los indicadores sociales, mediante políticas de ingreso, acceso a servicios básicos y reconocimiento de derechos. Con el paso del tiempo, el ejercicio del poder reveló, en algunas ocasiones, un patrón reiterado con centralización de decisiones y, lo peor, la subordinación de la institucionalidad a la lógica de la gobernabilidad inmediata.

Venezuela y Nicaragua representan expresiones acabadas de este recorrido. En ambos países, el lenguaje de la justicia social y de la soberanía popular operó como marco de legitimación para la eliminación de la alternancia, la reorganización de los sistemas electorales y judiciales y la restricción de las libertades. Estos procesos consolidaron regímenes autocráticos sostenidos por disciplinamiento social y concentración del poder.

Estas experiencias formaron parte del desarrollo histórico del progresismo regional y revelaron una concepción del poder centrada en la permanencia gubernamental. En ese contexto, los ideales de igualdad y emancipación adquirieron la función de recursos discursivos orientados a la preservación del mando, y su distancia con las prácticas políticas generó una ruptura entre el lenguaje de derechos y la experiencia cotidiana de la población.

La entrevista realizada por el diario El País al presidente saliente de Chile, Gabriel Boric, introdujo una reflexión dentro de este escenario. Boric planteó la necesidad de una revisión del itinerario de la izquierda latinoamericana y destacó la importancia de la responsabilidad institucional, la deliberación democrática y la autocrítica como componentes de la acción política. Su intervención ubicó el ejercicio del gobierno en el terreno de los límites, las reglas y la rendición de cuentas. Todas ellas, fundamentales para cualquier proyecto republicano.

En el Perú, el escenario político actual muestra la concentración informal del poder. La instrumentalización del derecho y la fragmentación del sistema político configuran un régimen difuso, en el que la legalidad conserva forma y pierde capacidad de protección efectiva de la ciudadanía.

El futuro del progresismo latinoamericano depende de una redefinición de sus fundamentos. El horizonte de este proceso reside en la construcción de Estados capaces de garantizar derechos, distribuir poder y sostener una comunidad basada en reglas compartidas y estructuras institucionales que sostengan la libertad y la vida en común.