Exministra de Justicia y Derechos Humanos. Abogada.
Llevamos años escuchando fórmulas mágicas contra la inseguridad. Ninguna ha funcionado. El Frontón tampoco funcionará. Quisiera reconocer algo bueno de este gobierno, pero cuando todo lo hacen mal, no puedo sumarme al engaño.
Los números son claros. Construir un penal moderno para 4000 internos cuesta 500 millones de soles. El Frontón, en cambio, costaría diez veces más y solo albergaría a 700. Es un despropósito, caro e ineficiente. Con esos recursos se podrían construir varios penales de 3, 4 o 5 mil internos, que ya tienen expedientes listos y con la infraestructura necesaria para cumplir su función: resocializar.
La resocialización no es un favor ni un acto de piedad. Es obligatoria. No porque los presos sean víctimas, sino porque van a salir en libertad. Solo un número ínfimo cumple cadena perpetua. La gran mayoría saldrá en 10 o 15 años. Si el Estado no garantiza que salgan mejor de lo que entraron, condena al país a más inseguridad. Y la evidencia es clara: de cada 100 que cumplen condena, 87 no reinciden.
El problema no se resuelve con shows, sino con justicia rápida. Necesitamos implementar ya las unidades de flagrancia. Ese es el mensaje que sirve: “si delinques, vas preso”. Sin privilegios, sin padrinos políticos.
Pero este gobierno prefiere la farsa. Hoy tenemos como ministro de Justicia y Derechos Humanos al exministro del Interior censurado.
Mientras tanto, convierten la inseguridad en espectáculo: estados de emergencia, militares en la calle, visitas a la isla donde funcionó El Frontón. Eso no protege a nadie, solo agrava el caos.
No somos espectadores de esta película de terror: somos sus víctimas.
El 12 de abril tenemos la oportunidad de dar al país una alternativa democrática, con soluciones reales y duraderas.
El Perú no necesita más shows. Necesita resultados.