Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero...
El ministro del Interior le ha tomado gusto a las declaraciones, sobre todo en televisión. Pero eso no es lo suyo, al menos hasta que logre algún éxito notable. Decir que las víctimas del crimen “pueden haber sido llevadas por mal camino”, o que muchos de los asesinatos por extorsión obedecen a luchas territoriales, o que a Vladimir Cerrón lo apoya “la inteligencia extranjera”, equivale a no decir nada. O peor aún, ¿qué nos está diciendo realmente?
¿No quiere mencionar directamente a Cuba, o tiene en mente a otro servicio de inteligencia foráneo? ¿Cuenta con alguna prueba —aunque sea mínima— sobre el supuesto carácter territorial de los delitos de extorsión? ¿Cómo se encajan en esa narrativa los asesinatos en el sector transporte? Preguntas similares se pueden hacer en torno a los homicidios y el historial policial de los implicados.
Lo que hace este ministro es enredar las cosas ante la imposibilidad de mejorarlas. Criminales y víctimas empiezan a confundirse. Su “explicación” sobre el caso Cerrón, si así puede llamarse, es una hipótesis inútil si no se actúa en base a ella. Y pronto se cumplirán dos años. Con la excusa de que “el buen investigador no revela sus cartas” —otra de sus frases— seguimos sin saber nada.
La afirmación de que al llamado Monstruo lo protegen bandas internacionales no nos revela más que una obviedad: los criminales se agrupan y se cuidan entre ellos, como la mayoría de los gremios. Con ese comentario, entendemos que el ministro trata de justificar por qué tampoco ha logrado capturar a ese prófugo en particular.
Hay que reconocerle a Malaver que, con ninguno de los siete ministros que lo precedieron, la ciudadanía supo realmente qué estaba ocurriendo. ¿Esa puerta giratoria fue un sincero intento de encontrar al funcionario adecuado? ¿O más bien fueron relevos para proteger a algún sector del crimen organizado? Tampoco sobre esto hay explicaciones.
Con Juan José Santiváñez bien acomodado en un alto y jugoso cargo, al gobierno ya no parece importarle que su sucesor no funcione, que los transportistas y otros trabajadores sigan siendo asesinados —en buses, minas, tiendas o calles. Lo que se busca es que los ministros presten su rostro como escudo mediático, para distraer las críticas dirigidas a Dina Boluarte.

Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco X. Cero Facebook. Cero Instagram, cero TikTok. Poemario más reciente: Chifa de Lambayeque (Lima, Personaje Secundario, 2024). Próximo poemario será la quinta edición de Sobrevivir. Acaba de reeditar el poemario Los asesinos de la Última Hora (Lima, Cepo para Nutria, 2025).