
Como ocurre cada cierto tiempo, los EEUU han vuelto a la guerra. Nunca estuvieron demasiado lejos, y su enorme arsenal hace de Washington un elemento tácito en todo conflicto, bélico o no, del mundo. En el choque Tel Aviv-Teherán, los EEUU han estado presentes desde el primer momento. Sin el Pentágono el poderío israelí sería mucho menor, y acaso su actitud otra.
Una cosa es fortalecer el brazo de los amigos o pisar fuerte en el mapa de los conflictos mundiales, y otra ver a los cadáveres de soldados yanquis regresar a casa por todo el país. Es cierto que las guerras de hoy se dan a mucha distancia de los objetivos militares, pero las muertes son inevitables, y siempre tienen un costo político.
Es a lo anterior que alude The Financial Times del domingo cuando titula que “Trump se juega su presidencia con el ataque a Irán”. Si Trump no logra justificar este ataque, su base política se empezará a encoger a un nuevo ritmo. El FT se está refiriendo sobre todo a los republicanos en el Congreso, que no fueron consultados para esta guerra.
La teoría del bombardeo ha sido que Irán ya está derrotado para todo fin práctico, con lo cual ha perdido toda capacidad de respuesta, más allá de los misiles que viene lanzando contra Israel. Todavía se puede esperar algún atentado terrorista iraní, pero eso ha demostrado no ganar guerras. Trump piensa que ha ido sobre seguro.
¿Qué va a pasar ahora? Si el ataque no logra arrastrar a Teherán a la mesa de negociaciones, Washington va a tener que seguir lanzando bombas, como una versión complementaria de Tel Aviv. El ganador de la partida entonces no será Trump sino Benjamín Netanyahu. No es lo que esperaba el movimiento MAGA. Tampoco es la pacificación que Trump ofreció en campaña.
Los 1000+ kilómetros entre Israel e Irán limitan mucho un paso a choques sobre el terreno (por eso los testaferros militares iraníes en las fronteras de Israel). Pero Trump sí podría intentar un desembarco, con todas las bajas que eso supone. En términos de lo cruento, como siempre todas las opciones están abiertas. En este sentido, todavía Trump puede seguir dudando frente a un tema que sin duda va a definir su presidencia.

Aunque se prometen mantener la línea política del diario, es previsible que el nuevo panorama incentive modificaciones significativas en el conglomerado de medios del Grupo El Comercio.

La mayoría de encuestas pronostica que el Partido Demócrata ganará las elecciones parlamentarias del 3 de noviembre en EE. UU., con posibilidades de controlar ambas cámaras.

"FP ha demostrado capacidad para mantener a sus cuadros juntos. Ahora que controla el Ejecutivo, esa capacidad será mayor"

Las protestas europeas expresan el malestar social y político que atraviesa el continente, en un escenario de tensiones geopolíticas y avance de la extrema derecha.

Un 34 % de los republicanos considera que Donald Trump se enriquece a expensas del país.