Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
La ONU nos ha exigido, para tomar el Caso Castillo, renunciar al sistema interamericano. Parece curioso que a víctimas que han padecido tanto, se les exija además “renunciar” a un sistema para que su caso sea tomado por otro, cuando el primero no parece avanzar, como sucede con el caso de Castillo en el sistema interamericano hace más de dos años. Lo que cunde en la región es, por desgracia, la desprotección jurídica. El contraste de estas exigencias formales con la apatía (“neutralidad”) de esta hermosa ciudad suiza, parecen elocuentes. Parece haber un hilo rojo entre las “exigencias” formales a víctimas lejanas, de las que estos sistemas no se ocupan, y los hoteles frente al lago copados por delegaciones millonarias de países que no sobresalen por su respeto a los derechos humanos.
Parece curioso que haya que venir tan lejos, a un lugar tan elegante y opulento como Ginebra, la ciudad donde está enterrado Borges, a defender derechos humanos muy básicos. Parece contradictorio con las realidades tan duras donde los derechos se vulneran a diario venir a una ciudad de millonarios con tiendas caras, como Prada, Louis Vuitton o Gucci, frente a un lago con cisnes resguardados que nadan en paz, ajeno a las realidades que laceran el mundo. El Palacio Woodrow Wilson, en honor al fundador de la Sociedad de las Naciones (Sociedad que naufragó porque no pudo evitar la proliferación de armas) no está lejos del Lac Leman. Pero nada de esto parece condecirse con la realidad. Es difícil imaginar que los diplomáticos que viven así tengan empatía alguna con las realidades tan crudas que se denuncian al interior de los organismos. Parece haber un margen insalvable que separa la realidad de la diplomacia. La diplomacia está encapsulada y situada muy lejos de la realidad a la resolución de cuyos dramas debiera orientarse. Mujica decía que es un error de los presidentes vivir aislados de la realidad. Otro tanto puede decirse de los cuerpos diplomáticos. De estas “misiones permanentes” en un lugar donde no sirven de casi nada. Solo para vivir bien en Ginebra, lejos del mundanal ruido, a expensas de sus sufridos países. Esa célebre “neutralidad suiza” parece incompatible con la defensa activa y concreta de los derechos humanos, (que implica muchas veces “embarrarse”, no ser tan “prolijo”) aunque sea la base de su estable sistema financiero. Lo real de esta ciudad parecen ser las finanzas. No la Justicia.
Se sostuvo siempre en doctrina que el sistema interamericano y la ONU no son incompatibles, porque la ONU no es ningún órgano jurisdiccional. El sistema interamericano es a su vez un órgano jurisdiccional con mayor peso en nuestra región (basta recordar su jurisprudencia en casos como Barrios Altos y la Cantuta), pero la ONU insiste en que para tomar el caso, primero hay que retirarlo del sistema interamericano. (Para evitar la “litispendencia”)
Es curioso que el relator de Guatemala, un abogado conservador, impida el avance del caso en el sistema que debiera tener primacía regional. Debemos ir tan lejos a buscar un poco de justicia para Perú. La defensa no pide nada descabellado: que alguna instancia seria, rigurosa, imparcial, realice un análisis sensato y técnico de la vacancia, que nosotros (y todos los especialistas que se han pronunciado, incluyendo a Hurtado Pozo o Raquel Fajardo, Cancio Meliá sostuvo además que no había delito) consideran inconstitucional. Nada más que eso. Parece que algo tan sencillo es difícil de asumir, no porque sea jurídicamente difícil comprobarlo, (es un caso fácil), sino por las consecuencias que ese reconocimiento podría tener.
El sistema interamericano hace muchas décadas que parece perder peso específico en nuestra región. Sobre todo desde que Dinamarca ha dejado de aportar financiamiento. Se vuelven burocracias formales, elegantes, que no dan ningún resultado. Solo mantienen en la comodidad a quienes forman parte de ella. Como el castillo del cuento de Kafka, Ante la Ley, donde el campesino pobre nunca entra. Así son las burocracias legales internacionales, sea en Suiza o en Costa Rica. No parecen defender el derecho.
Suiza es el país de los relojes y el chocolate fino. No del dinero mal habido que seguramente tenga que ver con los mismos conflictos que luego se denuncian en esta misma ciudad, paradójicamente. El Palacio Wilson es un museo. La ONU, también. Ninguno de estos espacios funciona hoy. Esta “neutralidad suiza” merecería ser interpelada. Porque hoy se traduce en inacción en todos los conflictos que laceran el mundo. Restablecer el prestigio del derecho internacional es aportar a la paz. Que esas instancias vuelvan a jugar un rol activo y sensato es indispensable. No pronunciarse sobre la nulidad de una vacancia por temor a las consecuencias no es el camino. El derecho constitucional debiera ser independiente de la política. El debido proceso importa. Más tratándose de la vacancia irregular de un presidente legítimo. Los medios tienen a veces la tarea difícil de separar la paja del trigo. Hay mucha paja en el caso Castillo. Mucha desinformación. Mucha tergiversación. Como el poder judicial peruano no ordena ni aclara la nulidad del proceso de vacancia, (en parte para encubrir sus propios errores, el Congreso mancilló el reglamento de su propio órgano, pero la Justicia constitucional decidió no observar ni mencionar ese atropello, desviando la atención), es la prensa la que debe ocupar ese lugar que al parecer la justicia (constitucional) ha dejado vacante. Hay un presidente irregularmente vacado. Ningún proceso penal salva este defecto. Ni lo puede encubrir. Tarde o temprano deberá decirse.

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