
Creo que el eje del debate tenido con Omar Cairo se centra en las distintas ideas que tenemos sobre el papel del conflicto y el consenso en el proceso constituyente. Me he esforzado por resaltar que es el conflicto, más específicamente la lucha social, el que impulsa el proceso constituyente. Por eso hablo de proceso, de algo que surge de las entrañas de la sociedad y va tomando cuerpo a partir de la crisis, en nuestro caso, de la crisis orgánica —de Gobierno, régimen y Estado— que vivimos. En ese proceso se construye el poder constituyente, desde abajo, desde el reclamo para poner al país en otra orientación. Mi perspectiva es sociológica, reivindica al Alain Touraine de La voz y la mirada en la visión de que la sociedad es el “movimiento” y me recuerda en esta perspectiva el libro de Bruce Ackerman We the People, sobre el protagonismo del pueblo de los Estados Unidos como poder constituyente a lo largo de su historia constitucional y, ¡ojo!, no solo en su remoto origen en 1787.
La perspectiva de Cairo insiste en los conceptos, los acuerdos y los políticos; pero antes de los hechos y no como parte y consecuencia de ellos. Los conceptos son importantes, ya lo dije, pero no debemos tomarlos como un manual, sino contrastarlos con la realidad cambiante en la que nos movemos. Los acuerdos son necesarios, pero considerarlos una varita mágica responde a una concepción de la política, anclada en el pensamiento liberal, que prioriza los consensos como el camino para alcanzar el orden y la estabilidad de cualquier régimen. Y los políticos, tan venidos a menos entre nosotros, como los grandes actores, cuya inexistencia o debilidad anularía la posibilidad de momento y poder constituyentes.
El ejemplo que cita Cairo, la transición a la democracia de fines de la década de 1970, que llamé por sus consecuencias “transición conservadora” en el libro del mismo que publiqué hace más de 30 años, es excelente para demostrar lo contrario de lo que él señala. Tuve la suerte con mi generación de vivir esas jornadas históricas en primera persona, pero también la oportunidad de hacerlas objeto de investigación algunos años más tarde. En el libro señalado parto por resaltar la causa de la convocatoria a elecciones a una asamblea constituyente por parte del gobierno militar, ya en su “segunda fase” con Morales Bermúdez a la cabeza. Era indudable el deterioro del régimen y su deriva represiva; sin embargo, el detonante de la convocatoria constituyente fue el histórico paro nacional del 19 de julio de 1977 que llevó nueve días más tarde a Morales Bermúdez a la convocatoria a elecciones para la asamblea señalada. Por supuesto que la convocatoria dio pie a todo tipo de conciliábulos entre las fuerzas políticas y de ellas con los militares, llegando a acuerdos parciales que luego se reflejarían en la asamblea; pero fue la lucha social la que llevó a la convocatoria y finalmente a la asamblea, no al revés.
¿Hubo o no un momento constituyente en estas condiciones? Claro que sí, solo que la iniciativa popular para defender los derechos ganados con el velasquismo y poner al país en otra orientación contraria a la contrarreforma de Morales fue cortada por el gobierno militar, tanto vía la represión —casi 5.000 dirigentes sindicales fueron despedidos de sus puestos de trabajo— como por la rápida reacción del régimen convocando a la asamblea constituyente. Desde arriba hubo una mayor capacidad de dirección política, de hegemonía diríamos en términos gramscianos, para señalar una salida, en este caso constituyente a la situación. Las negociaciones posteriores, establecieron una alianza de los militares con los partidos tradicionales, principalmente con el APRA, sellando una salida inclinada a la derecha que controló el resto del proceso hasta instalar la asamblea y aprobar una nueva Constitución, en este caso la carta de 1979.
Esto no es óbice para considerar la importancia de los acuerdos en el proceso constituyente y en los procesos políticos más en general, pero no es la “mesa chica” de la política el origen, sino las grandes luchas sociales que permiten llegar a ella y la posterior capacidad de los actores para establecer el liderazgo y la hegemonía respectivos.
Recupero entonces la idea de proceso, de conflicto y de lucha social; para entender a cabalidad el poder y el momento constituyentes, no como membretes, sino, más bien, como construcciones sociales y políticas de los ciudadanos comunes y corrientes en su cotidianidad y con sus lenguajes, que van mucho más allá de la ignorancia que muchas veces se les quiere achacar.
Al respecto, una nota sobre el uso de las encuestas. Cairo cita dos que devaluarían la visión ciudadana sobre la necesidad de un cambio constitucional. Sin embargo, yo cito una, posterior a las que refiere Cairo y que tiene números diferentes. En el sondeo del IEP de noviembre de 2023, un 48% se manifiesta a favor de reformas a la Constitución vigente y un 40% a favor de una nueva Constitución. Sabemos que toda encuesta es una fotografía del momento, pero creo que es mejor mostrar la última información que tengamos al respecto y no la más conveniente a nuestro argumento.
No me queda, sino señalar que todos estos intercambios y publicaciones de las últimas semanas y meses, incluyendo las más enconadas defensas del desastre constitucional actual perpetrado por el Congreso de la República, no hacen, sino fortalecer mi convicción de que se mantiene el ánimo constituyente en un muy importante número de peruanos y que este volverá a encarnarse en la lucha popular.

“La belleza también atraviesa mi investigación como un ideal social que condiciona cómo nos percibimos y somos percibidos. Responder a determinados estándares puede abrir puertas, pero también generar prejuicios y encasillamientos. Al utilizar mi cuerpo como medio de expresión, mi obra corre el riesgo de ser interpretada únicamente desde la apariencia, sin atender a los cuestionamientos que plantea. La belleza puede atraer la mirada, pero también limitar lo que somos capaces de ver”.

"Brasil sigue siendo una potencia regional con un importante potencial para asumir un papel más protagónico en el sistema internacional, por lo que el Perú debería apostar por una relación basada en el pragmatismo y los intereses compartidos"

La exhibición reúne a un grupo de creadores con base en ambas ciudades -la mayoría provenientes del ámbito fotográfico, y otros identificados con medios más disímiles- que nos presentan proyectos que se detienen a analizar la alteración de estos dos territorios, irrumpiendo no solo en el paisaje de la ciudad, sino también en el paisaje suburbano, y sus dinámicas socioculturales.

Aunque no hay consenso para una nueva reforma constitucional, el licenciado en Derecho sugiere potenciar conferencias bicamerales para manejar discrepancias y mejorar el proceso legislativo. Esto podría restaurar la integridad del sistema.

Se cree que la lectura termina cuando se cierra el libro; sin embargo, en realidad, el aprendizaje apenas comienza. Para miles de estudiantes peruanos, el verdadero problema surge cuando deben utilizar lo leído para explicar lo entendido de manera literal, inferir una idea o formular una opinión. La comprensión lectora continúa siendo una brecha educativa que limita el desempeño escolar y, sin lugar a dudas, la participación ciudadana de nuestros estudiantes.