Para sobrevivir a un infarto, por Percy Mayta-Tristán
"Con la pandemia del Covid-19, la mortalidad por enfermedad cardiovascular casi se ha duplicado en Perú, y una lección que nos dejó la pandemia es que el Perú fue uno de los países con mayor mortalidad en el mundo".

Con los avances de la medicina moderna, nuestra esperanza de vida ha ido aumentando; por ello, cada vez tendremos población más longeva. A partir de los 50 años, la probabilidad de sufrir un infarto al corazón aumenta, y así con cada año más de vida.
Con la pandemia del Covid-19, la mortalidad por enfermedad cardiovascular casi se ha duplicado en Perú, y una lección que nos dejó la pandemia es que el Perú fue uno de los países con mayor mortalidad en el mundo, no porque el virus haya sido diferente, sino que nuestro sistema de salud no estuvo ni está preparado. No teníamos unidades de cuidados intensivos, personal especializado en cuidados intensivos ni respiradores mecánicos.
Pues eso mismo sucede con el manejo de los infartos en Perú: no estamos preparados. La diferencia entre la vida y la muerte precoz o futura depende del manejo oportuno y para ello se requieren tener unidades especializadas de hemodinámica (cardiología intervencionista), para lo cual requieren equipamiento y especialistas.
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La mayoría de las ciudades del Perú no cuentan con una unidad de hemodinámica tanto a nivel público como privado; en Essalud solo hay en Lima, Arequipa, Chiclayo y Trujillo. Eso significa que si hay un paciente infartado que requiere un manejo urgente en una unidad de hemodinamia en una ciudad que no la tiene, o se busca un traslado a Lima si tiene suerte de que pueda costearlo (Minsa o privado) o que encuentre disponibilidad en el Incor si es Essalud, o resignarse a que no sea tan grave y que pueda sobrevivir con los tratamientos del siglo pasado.
Uno de los casos más graves es Iquitos, que es la ciudad más grande del mundo sin acceso a carreteras, el traslado de pacientes es siempre por vía aérea (con un costo de 51.000 soles), y menos del 15% de los pacientes infartados que tienen Essalud logran ser trasladados a Lima. Es decir, es una región donde la persona infartada tendrá un mal pronóstico solo por vivir allí.
La solución tiene varios frentes, el primero es de infraestructura. La recomendación internacional es que exista una unidad de cardiología intervencionista por cada 350.000 habitantes; es decir, a Perú le falta implementar por lo menos 80. Aquí hay una labor conjunta con los Gobiernos regionales que deberían priorizar tener al menos una en su región, sea en Minsa o Essalud y ver el intercambio prestacional a través de la ley de redes integradas de salud del 2020.
El otro problema no menor es el de disponibilidad de especialistas, no llegamos ni a 50 cardiólogos intervencionistas para todo el Perú. Para ello, se debe trabajar en dos frentes, el permitir la doble percepción para que estos especialistas puedan trabajar en más de un centro público (y en diferentes regiones), y lo más importante, empezar a formar cardiólogos intervencionistas, que es una especialidad que hoy no se ofrece en Perú.
Alzar la voz y hacer vigilancia para ello ahora es imprescindible, para que cuando un familiar o nosotros tengamos un evento cardiovascular podamos sobrevivir gracias a la medicina que hoy lo permite, pero que en la mayoría de las ciudades del Perú no está disponible.
















