Opinión

Gabinete chamuscado y enfrentado, por Augusto Álvarez Rodrich

Esto viene mal, con cambios que podrían poner todo peor.

AAR
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La idea de llevar a dos exministros a conversar con la presidenta Dina Boluarte, y hasta ofrecer el puesto de Alex Contreras, no fue del premier Alberto Otárola, pero este terminó siendo el más chamuscado por este sainete.

La iniciativa fue del titular del Midis, Julio Demartini, quien no es cualquier ministro, sino el más cercano a Boluarte, al punto que fue su viceministro durante todo el tiempo en el que la ahora presidenta ejerció esa cartera durante el gobierno de Pedro Castillo.

Contreras descartó la renuncia que él mismo filtró a la prensa unas horas antes. “Me siento cómodo en el cargo”, dijo, aunque lo evidente es que varios de sus colegas no se sienten cómodos con él. Ni el congreso ni el país.

Es tradición que los ministros suelan tener diferencias con el titular del MEF, pues su responsabilidad es con el cuidado de la caja fiscal y la sensatez de las políticas públicas, dos principios que no son aceptados de muy buena gana por la mayoría del gabinete.

En vez de incomodarles los resultados económicos mediocres del 2023 —que se querían camuflar con proyecciones absurdamente optimistas—, la mayoría de los ministros están molestos con el MEF por el recorte de presupuesto a varias carteras y por oponerse a barbaridades como que Petroperú siga viviendo de la mamadera estatal, lo cual es defendido por el titular del Minem, quien era director en esta empresa en representación del sindicato y tiene sólida relación con Perú Libre.

Es una ilusión creer, en este contexto, que el titular de economía haya salido fortalecido esta semana. Su tiempo en el MEF ya está en cuenta regresiva tic-tac administrada por sus colegas más cercanos a la presidenta Boluarte.

Pero todo este desorden ha generado que el congreso apunte ahora al premier Otárola, con expresiones que piden su cabeza desde las bancadas de FP, APP, Renovación y Perú Libre.

Otárola ha sido el principal baluarte de la estabilidad de Boluarte, pero hoy preside un gabinete chamuscado y enfrentado, con el congreso y en su interior, siendo lo peor que los cambios que se promueven apuntan al populismo en vez de la sensatez y la consistencia.

Esto, para decirlo de un modo claro y directo, viene mal, con relevos en el gabinete que podrían poner todo peor.

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