Barrios: la otra calle política, por Mirko Lauer
"El estallido de La Victoria sirve para recordarnos que la lucha contra la delincuencia tiene muchísimo de territorial, lo cual es un elemento definidor de toda estrategia que busque el éxito".

La reacción de una multitud de vecinos de La Victoria ante la actividad delictiva en el distrito se abre a varios comentarios. Uno es que no hay consenso: la prensa dice que ha sido hartazgo ante las extorsiones, la PNP cree que más bien es parte de un pugna por el transporte ilegal en la zona, y de allí el incendio de mototaxis.
Vecinos movilizados contra el delito inevitablemente evocan a las rondas campesinas y al reconocimiento de un derecho a aplicar formas de justicia popular hasta cierto grado. Es cierto que las rondas están allí para compensar la ausencia de policía y esa ausencia es uno de los argumentos para lo sucedido en La Victoria.
La ira de los vecinos puede ser un complemento de gran utilidad en la lucha contra el crimen, pero no su base. Aunque una debilidad de la Policía ha sido no organizar a los vecindarios. Suena fácil, pero no lo es tanto. Los delincuentes tienen familiares que también son vecinos y a menudo los hemos visto salir en defensa de los intervenidos por la PNP.
En otras palabras, no puede haber rondas urbanas con mínima eficacia si no hay antes presencia de serenos, organización policial eficiente y quizás concurso de la inteligencia militar, sobre todo, porque el crimen hoy cuenta con decenas de miles de cuadros (llamémoslos así), organizados hasta el nivel internacional.
El estallido de La Victoria sirve para recordarnos que la lucha contra la delincuencia tiene muchísimo de territorial, lo cual es un elemento definidor de toda estrategia que busque el éxito. No es necesario llegar al grado de los comités anticacos cuadra por cuadra, pero un insumo desde los barrios es indispensable.
En el programa 4D, Fernando Rospigliosi aventuró hace unos días que el régimen de Nicolás Maduro nos ha fletado 30.000 hampones. Un bajo porcentaje de la inmigración venezolana, pero basta para poner en marcha el drama xenofóbico. ¿Tiene sentido diferenciar abiertamente entre nacionalidades de delincuentes? No parece.
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Sería interesante conocer en las semanas que vienen los efectos del estallido victoriano y las perspectivas de que haya producido algún cambio duradero. Aunque sin capturas y encarcelamientos el efecto de la furia es mínimo. Lo más útil por el momento es que se le ha recordado a la PNP que no está sola.








