Opinión

Machu Picchu en peligro

Reclaman mayor protección al santuario y que se adopten medidas de prevención.

editorial
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La ciudadela de Machu Picchu, que es una de las maravillas de la humanidad y que identifica al Perú en todos los confines del planeta, corre peligro. Hay un exceso de personas que a diario la visitan; además, hay un caos alrededor de las entradas, la gestión en general y los problemas que se generan en Aguas Calientes.

La ciudadela no es Disney World, sino un frágil ecosistema que podría ser dañado si quienes van ahí no guardan las medidas de protección necesarias para su conservación. Oficialmente, se está pidiendo incrementar las visitas hasta en un 50% más de aforo. Eso tendrá que evaluarse. Diariamente, ingresan alrededor de 4.000 personas y los boletos, para los que hay largas colas desde temprano para adquirirlos, están vendidos hasta con un mes de anterioridad.

Estos pases no se venden online, como sería natural luego del aprendizaje acelerado tras la pandemia. Solo se compran presencialmente.

El pedido del sector Turismo, de elevar el aforo, es para garantizar la reactivación de una de las actividades más rentables de la región y que genera más puestos de trabajo.

La ciudadela es, sin duda, un atractivo importante y con el retorno del visitante a nuestros lugares históricos es indispensable un plan de trabajo coherente, entre el Mincul y el Mincetur, y para el turismo —no solo en Cusco, sino en otros destinos— una fuente de ingresos sostenible y promotora del desarrollo.

Es también labor de los municipios impulsar la cultura y adoptar decisiones que preserven nuestro rico patrimonio cultural mientras gestionan los recursos que genera su explotación, para obras que permitan brindar comodidades al turista, nacional o extranjero, que visita el monumento arqueológico. En el caso de Aguas Calientes, son las obras de salud pública y agua potable, que pueden garantizar la calidad de agua para los visitantes.

En Cusco se estima que a diario ingresan mil visitantes, a los que hay que garantizar seguridad y bienestar. Hace poco se desarticuló una banda que falsificaba los tiquetes de ingreso a Machu Picchu y los vendía a turistas. La labor estatal es impedir que sigan afectándose la cultura y el turismo por este desgobierno, que debe acabar, mientras se proyecta un plan de trabajo para proteger el santuario y, al mismo tiempo, impulsar el turismo que es una fuente de ingresos para los peruanos.