Opinión

Fiestas Patrias adelantadas, por Mirko Lauer

"En los momentos más movidos de la política las Fiestas Patrias funcionan como un impulso cívico en dirección de la normalidad: si las autoridades ocupan sus lugares habituales, entonces todo está en orden".

Lauer
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No es temprano para ir preparando nuestras Fiestas Patrias, por lo menos en la imaginación. Solemos vivir las de cada año como repeticiones, pero ellas son una serie histórica con profundas diferencias. Aquello que se llama la coyuntura política suele impactar mucho en las ceremonias. No hay dos Fiestas Patrias iguales, aunque a veces es difícil distinguirlas.

Imaginemos a los súbditos españoles perplejos en las plazas de 1821, en el trance de convertirse en ciudadanos, una experiencia desconocida en el Perú de ese año. Las viñetas suelen mostrar un consenso patriótico, pero todavía hubo que esperar varios meses de julio en guerra para que esa Independencia se concretara.

Otras Fiestas Patrias dramáticas, no alegres sino tristes, fueron las ocurridas en torno de la invasión chilena. Las previas al desembarco cargadas de premoniciones, y luego vino el clima depresivo de las que no se produjeron, al no haber realmente Gobierno para ello. Hubo algunos gestos patrióticos, por cierto, pero no una ceremonia nacional.

Las Fiestas Patrias que siguieron, durante todo el siglo XX, han tenido algunos elementos parecidos, es cierto. Lo más importante ha estado en el simbolismo de la reunión de los poderes del Estado. En un país presidencialista, ha sido en toda ocasión la fiesta del presidente de la República, y en menor grado la de los militares y la Iglesia católica.

En los momentos más movidos de la política las Fiestas Patrias funcionan como un impulso cívico en dirección de la normalidad: si las autoridades ocupan sus lugares habituales, entonces todo está en orden. Por eso son tan raros los contenidos de impacto en los mensajes presidenciales de esa fecha.

Este 2023 no va a ser la excepción. Para Dina Boluarte un muy leve alivio, la oportunidad de hilvanar algunos pocos logros administrativos, y de rodearse de las instituciones del país, inmovilizadas por el protocolo. No se nos ocurre la posibilidad de discrepantes vocingleros en las galerías del hemiciclo.

Pero está claro que las Fiestas Patrias políticas y presenciales son antiguas. Ya nadie se congrega en la plaza Mayor, como en algunos viejos grabados. La gente prefiere la TV, o la ausencia vacacional. En realidad, poder descansar en algún punto del territorio es en estos tiempos normalidad suficiente, y también suficiente gusto por lo patriótico.