Lo único que compartimos es el sufrimiento, por Jorge Bruce
“‘¿Cuántas torturas se pagan con una carretera? ¿Cuántos cuerpos desaparecidos se compensan con un millón de dólares de inversión? ¿Estadista? No. Asesino’”.

En las consabidas desigualdad y fragmentación que caracterizan a nuestro país, hemos llegado a un punto extraño en el que el gran espacio público es el sufrimiento. Huelga decir que no es lo mismo sufrir por hambre y ausencia de servicios básicos, que por inseguridad e incertidumbre. Y que la mayoría padece todo lo anterior y solo una minoría por las dos últimas razones. Pero nadie puede decir, sin faltar a la verdad, que se siente bien en un país cuyo deterioro moral y económico es ostensible.
Cuando Alberto Vergara comenta la incapacidad de las élites económicas, políticas y mediáticas peruanas para aceptar que vivimos en la barbarie, plantea una pregunta urgente. Rosa María Palacios da una primera respuesta en su última columna dominical en este diario: “Ceguera moral” es el título de su nota.
En otro registro y lugar, Daniel Matamala publica un artículo titulado: “Traidor. Asesino. Terrorista. Ladrón. Cobarde.” Se refiere a Pinochet y argumenta cada uno de esos epítetos con hechos. Añade que una parte de la sociedad chilena justifica los crímenes del dictador recurriendo al relativismo moral: “¿Cuántas torturas se pagan con una carretera? ¿Cuántos cuerpos desaparecidos se compensan con un millón de dólares de inversión? ¿Estadista? No. Asesino”.
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Esa ecuación infame la estamos viendo a diario hoy en el Perú. En lugar de investigar y sancionar a los responsables directos e indirectos de las decenas de asesinatos cometidos entre diciembre y febrero, salgámonos de las cortes internacionales. Paria soy y no me compadezcas, canta el congresista Montoya con su proyecto de ley de corte montesinista.
Hace poco estuvo por Lima el psiquiatra John Alderdice, miembro de la Cámara de los Lores y líder del Alliance Party de Irlanda del Norte. Fue nombrado lord por ser el artífice del Acuerdo del Viernes Santo entre Gran Bretaña e Irlanda sobre Irlanda del Norte. En un aparte de la cena a la que nos convidó generosamente el psicoanalista Moisés Lemlij, Alderdice me preguntó sobre el racismo en el Perú. “Fíjate —le dije— en quiénes estamos sentados en la mesa (éramos unos veinte, de muy distintas opciones políticas). Ahora repara en las ocho personas que nos están sirviendo. Ahí tienes un gráfico de 500 años de historia del Perú”.
Mientras esto siga así, la ecuación abyecta a la que alude Matamala seguirá gobernando y el sufrimiento desigual y fragmentario nos continuará atormentando.






