Renuncia, por Patricia Paniagua

“Es más que seguro que seguiremos escuchando resonar la palabra ‘RENUNCIA’ una y muchísimas veces más, desde distintos sectores”.

Renuncia es, sin duda, la palabra más escuchada en las últimas semanas en el intento de ponerle un nombre a la primera puerta de escape para desescalar la grave crisis política y social en la que estamos sumidos.

Esta palabra repetida con insistencia, desde el inicio de la movilización ciudadana, ha cobrado mayor sentido y potencia desde que el Ejecutivo perdió toda legitimidad y optó por el uso de la fuerza desproporcionada para imponerse a cualquier precio. Su decisión de iniciar una cruenta represión policial-militar, responsable de la pérdida de decenas de vidas, y de desplegar una violenta estrategia de estigmatización y criminalización de la protesta han sido determinantes para potenciar el rechazo ciudadano y aumentar el eco de las arengas a la renuncia de la presidenta, como medio para restablecer la paz, la justicia y el diálogo y poner fin a los inenarrables abusos cometidos, las arbitrariedades perpetradas y la permanente difusión de mensajes polarizantes que nos exponen a un peligroso clima de confrontación.

Por su parte, el Legislativo, en su nula capacidad de renuncia, ha mantenido su juego en pared con el Ejecutivo, y tras semanas de sabotear y dilatar la discusión sobre el adelanto de elecciones, mientras ensayaban la mejor fórmula para su más larga permanencia y acomodo de sus intereses, ha decidido no debatir y archivar la propuesta enviada por el Ejecutivo, hasta el siguiente período de sesiones, en el segundo semestre del año, lo cual no ha merecido ni un solo mensaje de rechazo, protesta o emplazamiento de la presidenta o su premier.

Es decir, la posibilidad de elecciones generales en el 2023 ha sido bloqueada por ambos poderes, de espaldas a la ciudadanía, que se han negado a darle al país un resoplo de aire en esta difícil coyuntura.

Esta situación que debiera convocar la denuncia de la sociedad en su conjunto, y una renuncia a todo tinte político o ideológico, ha merecido un discurso mediático de aval mayoritariamente monocorde o, en su defecto, un ensordecedor silencio, afín al poder de turno que los aleja de su compromiso con la verdad y la democracia. Por su parte, desde el empresariado peligrosas voces han abonado a discursos de odio que profundizan las grietas, en un momento en el que se requiere capacidad de renuncia a la mirada privilegiada para reflexionar y encontrar en esta situación una oportunidad de afirmar la defensa de la vida como bien más valioso y de repensarnos como comunidad.

Llevamos casi sesenta días del régimen actual en los que la protesta social, a lo largo y ancho del país, se ha mantenido firme. Es más que seguro que seguiremos escuchando resonar la palabra “RENUNCIA” una y muchísimas veces más, desde distintos sectores, hasta que quizás sea capaz de interpelar a quienes deben usarla para dar un paso al costado en favor del país e irse, y no lo han hecho, y a quienes debe recordarles el rol que han olvidado y que el país demanda en estas horas.

Entre tanto, queda claro que frente a la indolencia y el cinismo que sostiene a unos y la laxitud y obcecación en que se escudan otros, permanecerán voces ciudadanas firmes en la arenga: RENUNCIA.