Opinión

¿Veredas o personas?, por Lucia Solis

“De pronto se satura el debate público y mediático con preguntas como: ¿a qué monto ascienden las pérdidas económicas producto de las manifestaciones? (…). Pero, ¿cuánto cuesta a tantas peruanas y peruanos la desigualdad y la indiferencia?”.


Ni la muerte de Víctor Santisteban Yacsavilca a causa de una bomba lacrimógena lanzada por la Policía ha podido contener el viejo e inhumano recurso de priorizar veredas, cajeros y pistas antes que la vida de una persona. Habría que agregar, también, que se trata de una narrativa clasista, racista y misógina porque se utiliza cuando hay comunidades vulneradas y estigmatizadas en el medio.

Las feministas lo saben bien. Un patrullero teñido de témpera lavable vale más que una niña desaparecida, un monumento más que una adolescente violada por su tío que no puede abortar y una pared pintada más que un feminicidio. Hoy el espectro de víctimas de esta macabra equivalencia se ha ampliado, y el régimen de Dina Boluarte es cómplice.

De pronto se satura el debate público y mediático con preguntas como: ¿a qué monto ascienden las pérdidas económicas producto de las manifestaciones?, o ¿cómo quedó tal avenida o tal plaza tras días y noches de movilizaciones? Pero, ¿cuánto cuesta a tantas peruanas y peruanos la desigualdad y la indiferencia?

Las marchas, los plantones, las caravanas hacia Lima desde el norte y el sur del país, la resistencia y la organización ante la violencia es el punto límite al que se ha llegado después de décadas de crisis políticas, saqueo de recursos y una nefasta redistribución de la riqueza. Las y los peruanos hartos de este sistema arriesgan su integridad y son asesinados por el propio Estado que debería protegerlos. Ya basta.

Porque no hay vereda, cajero o pista que reponga la vida de Víctor Santisteban Yacsavilca ni de los otros más de 50 muertos por la represión. Porque solo peruanos deshumanizados, llamados ‘‘salvajes’’ y despreciados sistemáticamente, pueden ser comparados con objetos; y al hacerlo solo hacen más evidente su racismo.

Dina Boluarte ha dicho que no va a renunciar, pese a que una gran mayoría le pide hacerlo para que se detengan las muertes. Celebra que se dispare y se gasee, y ni siquiera menciona a los fallecidos. Mientras tanto, las veredas y las pistas que tanto defienden quienes están cómodos con su autoritarismo, se siguen manchando de sangre. Y de eso no se regresa.

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