De oprimidos a opresores, por Pedro Castro Balmaceda
"En su libro “Pedagogía del oprimido”, Pablo Freire sostiene, de manera acertada, que la mayoría de revolucionarios, que utilizan la guerra contra la opresión como bandera, terminan siempre engullidos en sus propias tinieblas ...".

Por: Pedro Castro Balmaceda
En su libro “Pedagogía del oprimido”, Pablo Freire sostiene, de manera acertada, que la mayoría de revolucionarios, que utilizan la guerra contra la opresión como bandera, terminan siempre engullidos en sus propias tinieblas: “Incluso las revoluciones, que transforman la situación concreta de opresión en una nueva en que la liberación se instaura como proceso, enfrentan esta manifestación de la conciencia oprimida. Muchos de los oprimidos que, directa o indirectamente, participaron de la revolución, pretenden hacer de la revolución su revolución privada”.
Es así como podemos entender un poco mejor que, luego del autogolpe de Fujimori en 1992, con el que muchos peruanos se mostraron de acuerdo, y una posterior victoria en las elecciones de 1995, con un aplastante 64%, frente a una eminencia como lo era Javier Pérez de Cuéllar, AFF haya terminado huyendo del Perú entre denuncias, “vladivideos”, marchas y traiciones.
Y es que mucha gente reconoce en Fujimori al político que estabilizó el país y venció al terrorismo, pero también acepta que los abusos cometidos en su gobierno terminaron generando ese caldo de cultivo que eclosionó en la “Marcha de los Cuatro Suyos”, donde miles de peruanos, sintiéndose oprimidos por los poderes dictatoriales de quien una vez vieron como pacificador, decidieron marchar en contra del régimen.
Así, la tesis de Freire sigue vigente en la actualidad, en un Perú golpeado por una pandemia global, con casos de corrupción emblemáticos, que incluían a empresarios, políticos, todos los expresidentes desde el año 2000 y algunos candidatos.
Todo ese fárrago de abusos, raterías, deudos y delaciones abonó el terreno para que la izquierda —provinciana y limeña— se haga del poder utilizando como caballito la vieja problemática nacional: el peruano oprimido.
Lamentablemente, esos mismos que señalaban con su dedo inquisidor cualquier síntoma de corrupción, y que se creyeron la reserva moral del país, dejaron expuesto ese doble rasero, ese oportunismo fétido y esa memoria selectiva para ignorar delitos cuando de sus cofrades se trataba; pasando a ser los nuevos opresores, porque la corrupción es también una forma de oprimir y castigar a un pueblo. Y esas acciones u omisiones bastan y sobran para convertir a la izquierda peruana en un antivoto reaccionario en las próximas elecciones.








