Opinión

Messi corazón, por René Gastelumendi

“... Messi por allá. No es alto, no tiene cara de malo, no se le ve pretencioso”.

René
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Recuerdo que una vez se me dio por preguntar en distintas zonas del país, mientras cubría alguna noticia, sobre ciertos personajes universales que, a mi criterio, por su potencia, podrían unificar, al menos en admiración, a todos los estratos socioeconómicos y hasta culturales del Perú. Ganó, contundentemente, el Chavo del Ocho.

Que algo que no pase por el triunfo futbolístico de nuestra selección nos una a todos, es algo casi impensado en esta coyuntura de tantos desencuentros entre nosotros. No pude hallar niño o niña que no lo conociera, que no hablara de Chespirito con brillo en los ojos y que no conociera también a los otros miembros de la inolvidable vecindad denotando una conexión particular con ese mundo imaginario de Quico, la Chilindrina, don Ramón, el señor Barriga y compañía.

Una sensación muy parecida ha ocurrido con el argentino Lionel Messi, el flamante campeón mundial, capitán de su selección de fútbol. Ya antes de lograr este título, era un personaje que conectaba de manera particular con los nenes. Messi por aquí, Messi por allá. No es alto, no tiene cara de malo, no se le ve pretencioso y, en algún punto, pareciera seguir siendo el mismo niño que sorprendió al mundo precozmente desde su natal Rosario. Un niño que nunca dejó de hacer goles y jugadas épicas.

Las últimas fechas del mundial Qatar 2022 transcurrían, en paralelo, con la furia de las protestas sociales. Emociones de angustia, de desgaste, de dolor, fueron saludablemente matizadas por la intensidad de un espectáculo épico y deportivo que fue capaz de competir en atención con el culebrón de la política nacional. Messi en Miraflores, Messi en San Isidro, Messi en San Juan de Lurigancho, Messi en Independencia, Messi en Lima, Messi en Trujillo, Messi en Puno, Messi en Apurímac, Messi en Ayacucho, concebido con la misma pasión, admiración y cariño, la misma. Escuchar a mi hija pronunciando Messi, Messi, reconociéndolo, alucinándolo, por alguna razón, ha sido lindo.

¿Alguien es capaz de lograr eso? ¿Alguien duda de que Messi molesto, preguntando “¿qué mirás, bobo?”, intentando ser malo o agresivo, es de lo más tierno que hemos visto en años? Ternura en un referente actual “dueño del mundo”, no soberbia, es magia.

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