Opinión

La maldición de la Pachamama

“Casi un millar de incendios forestales en lo que va del año y la amenaza de una sequía son señales...”.

Roberto Ochoa
Roberto Ochoa

Ahora que un exconvicto por el asesinato de policías se pasea por el Perú disfrazado de inca y un exsindicalista magisterial se hace pasar como campesino o rondero cada vez que le conviene, me provoca recurrir a toda esa nomenclatura telúrica para anunciar que la Pachamama está harta de estos nefastos personajes.

Casi un millar de incendios forestales en lo que va del año y la amenaza de una sequía son señales del malestar de la madre tierra. Ni qué decir el próximo paro agrario en todo el sur andino (el mismo que votó en masa por Castillo) es otra de las advertencias de la Pachamama ante su nefasta gestión presidencial. Y es que esta “segunda reforma agraria” no funcionó porque la nueva burocracia castillista es incapaz hasta de importar urea.

Pero tuvieron que morir varios campesinos que se inmolaron como bomberos voluntarios. Tuvieron que achicharrarse cientos de cabeza de ganado y animales silvestres. Se tuvieron que convertir en cenizas miles de hectáreas de bosques y páramos altoandinos para que el Gobierno de Castillo reaccionara. Hace menos de un año, Castillo prometió “un helicóptero” para cada región. Mejor se hubiera quedado callado porque fue entonces cuando empezaron los incendios y hoy en día un solitario helicóptero de la FAP se acaba de estrenar en Apurímac para apagar los incendios. Pero ya es muy tarde. Así como gastan dinero público para sus movilizaciones de “campesinos” en Lima, así también deberían invertir en pagar voluntarios (pienso en los experimentados “reservistas”) para apagar el fuego en los bosques y no para avivar el fuego social en la capital.

Por si fuera poco, la maldición de la Pachamama también tocó a nuestro sensible sector Turismo. Gracias a la gestión cultural del Gobierno de Castillo y al pésimo manejo desde el Mincetur, Machu Picchu cayó en manos de sus principales depredadores. En menos de un año de gestión se está destruyendo lo que tardó decenas de años en forjarse como nuestro principal destino turístico y corazón pétreo del Perú.

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