
El yo, la primera persona singular, se nutre de la relación con la ciudad de origen. Es la dinámica parte-todo la responsable de que, semejante a un romance, una persona experimente episodios de ilusión, disputas de ego y reconciliaciones a corto plazo. Cada escenario sostiene un vínculo y cada vínculo, un conjunto de apellidos, promesas y fechas. El mío es Piura.
Dentro de dos días, el 15 de agosto, la tierra del eterno calor cumplirá 490 años de creación. Con un aniversario sobre la cabeza —porque fue la primera ciudad fundada por los españoles en América del Sur—, pero con varios casos de corrupción gubernamental entre las manos, Piura mantiene una reputación más vibrante que su sol: chifles, playas, ceviche, sombreros, cumbia.
No obstante, el yo que forjé en esta parte del norte peruano me exige una aclaración: Piura es también un carnaval acompañado de pintura, comida y orquestas; la ruta de invierno de Ayabaca, Huancabamba y Morropón; el sanjuanito; el cañazo; los peregrinos. Es, asimismo, el polvo que después del fenómeno El Niño todavía pigmenta la memoria, los ojos y las casas; es el dengue, la amenaza de los veranos. Es el conjunto de mototaxis cuyos conductores son menores de edad; la falta de ciclovías; las avenidas tan maltratadas como gran parte de la arquitectura.
La identidad también abriga patronímicos. Piura, además de ser la cuna de Grau, Ignacio Merino, Sánchez Cerro y Cayetano Heredia, es el lugar de nacimiento de Carlos Augusto Salaverry, uno de los mayores exponentes del romanticismo en la literatura nacional y autor de un poema, casi súplica, que se titula “Acuérdate de mí”. Él se lo dedica a Ismena, su segunda esposa y amorío fallido. Yo se lo dedico a la ciudad: “Si a través del espacio de las cumbres, de ese ancho mar y de ese firmamento, vuela por el azul mi pensamiento y vive junto a ti”.
Porque el dramatismo y la melancolía tejen lazos que merecen más que una historia de amor: tal vez una historia de pertenencia y el deseo de un mejor aniversario que el de los dos últimos años pandémicos.

“Ante la labor de consulta y contrastación para la que el periodista se instruyó por años, existe un software que cómodamente se convierte en una fuente”.

"Ocupa cuatro segundos teclear “la traición” y demanda incluso menos tiempo indignarse. El ejercicio veloz del usuario que lanza la piedra y no esconde la mano, salvo que se trate de un trol, delata lo sencillo que es abrazar la disputa".

"Para algunos, las oportunidades se llaman contactos —vara, argolla, amigo del amigo, compadre—; para otros, las oportunidades son colchones emocionales sobre los cuales sobreviven mientras buscan algo parecido al progreso".

“Prestigio y fama —capacidad y publicidad— coexisten en un estilo de vida que ya le pertenece a su biografía”.

"Un Gobierno que resuelva es más útil que un novio que resuelva".