Opinión

Perú, el país del ‘quién’ en vez del ‘qué’

“Esa actitud frecuente en el Perú es consecuencia del prejuicio, es decir, de juzgar algo antes del tiempo oportuno y sin un conocimiento cabal, solo a partir de quién lo dice. Y, también, del interés subalterno, lo cual puede ser muy grave pues lleva a desvirtuar el papel de muchos oficios cruciales para el país”.

Un obstáculo enorme en el Perú para que el debate público beneficie a la sociedad es el vicio de darle más importancia a quién dice o plantea una idea, antes que prestar atención a qué es lo que dice o propone.

Sucede en muchos ámbitos. Desde pequeños, como un aula donde al profesor le cuesta moverse de su clasificación inicial que se vuelve inamovible de que hay alumnos que siempre contribuyen al desarrollo de la lección y los que siempre la entorpecen.

Hasta los ámbitos de impacto mayor, como la política, como un congreso en el que las bancadas definen de antemano los proyectos a apoyar o rechazar en función de si lo propone un aliado o un enemigo, en vez de revisar, antes, la naturaleza del proyecto.

Eso ocurre, también, en el periodismo, donde la cobertura de un hecho de corrupción o la metida de pata de un político, depende de quién lo cometió, lo cual definirá el tamaño que tendrá la noticia, el enfoque de la información a difundir y la opinión a emitir, o hasta la omisión del hecho, sencillamente porque más interesa quién lo dice o hace, y no lo que dijo o hizo. El pecado será venial o capital según quién lo cometa.

Esa actitud frecuente en el Perú es consecuencia del prejuicio, es decir, de juzgar algo antes del tiempo oportuno y sin un conocimiento cabal, solo a partir de quién lo dice. Y, también, del interés subalterno, lo cual puede ser muy grave pues lleva a desvirtuar el papel de muchos oficios cruciales para el país.

Por ejemplo, llevar a que un congresista descarte buenas ideas que benefician a sus electores, solo por la persona que las sugiere; o al periodismo a distorsionar absolutamente su misión de informar con el compromiso crucial de acercarse a la verdad, sobre todos los hechos relevantes, solo por el deseo de querer mutar de periodista a activista, con el fin de meter con calzador en zapato ajustado una realidad que solo existe en el deseo de su ideología.

P.S. Es positiva la rectificación de la Superintendencia de Migraciones sobre la orden de expulsión del país de la ciudadana venezolana Paulina Facchin, pero es imposible no darse cuenta de que la decisión inicial transmite una vocación de subordinación vergonzosa e inaceptable del gobierno de Pedro Castillo a la dictadura de Nicolás Maduro.

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