La ceremonia del adiós a la mascarilla
“La única recomendación cierta durante toda la pandemia fue el uso de mascarilla en sitios abiertos y cerrados, imposición que va llegando a su fin en muchos lados, y en Lima el 1 de mayo”.

Parece que vamos llegando al final de la pandemia. Desde que se anunció la pandemia, hace poco más de dos años –que parecen dos décadas–, pensé con frecuencia, especialmente en los días del confinamiento más estricto, cómo sería el día en que se declararía –si llegaba– el final de la plaga, pero nunca imaginé que su expresión sería el fin de la obligación de la mascarilla.
Hace poco fui a una comedia teatral de Christian Ysla sobre los diálogos de una pareja al inicio de la pandemia. Hoy da mucha risa ver escenas de disfraces de astronauta para ir a comprar, con días para hombres y para mujeres, la escasez del papel higiénico, o la ceremonia de bañar en cloro todo lo que llegara, antes de comerlo o tocarlo, pero en esos tiempos inciertos, todo lo que se oía era estrategia de sobrevivencia.
La única recomendación cierta durante toda la pandemia fue el uso de mascarilla en sitios abiertos y cerrados, imposición que va llegando a su fin en muchos lados, y en Lima el 1 de mayo.
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Yo le tuve fe a la mascarilla, la cual se volvió tan indispensable como la ropa interior. Hoy es imposible olvidar su escasez inicial y, por tanto, lo caras que eran comparadas con hoy que hasta las regalan a la entrada del estadio nacional, cortesía del Grupo Romero.
Tampoco se pueden olvidar las mascarillas vistosas que aparecieron, de todos los colores, con referencias regionales o del comic preferido.
La que yo más quise es una de tela suave azul marino con el escudo de Alianza Lima –la oficial del equipo– que me regaló mi hijo Sebastián al comienzo de la pandemia, la cual lavo con cuidado para que me dure para siempre.
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Uno nunca sabe con el bicho este que resistió tanto, y que nos deja, hasta ahora, 20.9 millones de muertos en el mundo (The Economist) y 212.7 mil en el Perú (Minsa), ahorros quemados, planes perdidos, pero, también, grandes lecciones aprendidas, procesos de digitalización acelerados, conocimiento de gente tan solidaria y otras a las que les afloró la mezquindad, una valoración distinta de la vida, y un mejor conocimiento de la historia.
Con una experiencia ligera de COVID en las postrimerías de la pandemia, este columnista seguirá usando mascarilla en ciertos espacios, aunque no sea obligatoria. Con algo de desconfianza, pero, también, con cierta nostalgia.
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