¿De qué colegio eres?
“Si acaso el cortejo de una noche prospera hasta una visita o una invitación al cine, cuando los padres preguntan a sus hijas, o al mismo cortejante, en qué colegio es que estudia, responder Eflos o Fumber es algo así como tener visa”.

*(A propósito del reciente libro de Luciana Reátegui, Alvaro Grompone Velásquez y Mauricio Rentería publicado por el IEP).
Es el quinceañero de una chica de apellido Pastur que tiene, igualmente, la nacionalidad ediaga y, aunque en mundos muy distintos, pasa su vida dentro del mismo país en que lo hacen sus compatriotas aborígenes, pero, digamos, casi con el mismo abismo cultural de por medio que puede haber entre ella y un orderí. Además, estudia en el Astor, un colegio solo para mujeres. Célebre cantera de chicas doradas en un país en el que apenas un diez por ciento de su población desciende de duleidos.
En cualquier lugar de Edió, lo dorado suele ser escaso y aspiracional, salvo en estas fiestas. En el Astor hay más doradas que en otros colegios como el Bales, el Crandem o el Dijaz y además enseñan el mejor arché del país. Tener una novia del Astor es como alcanzar el clímax del éxito juvenil. Una conquista prácticamente reservada para los príncipes del Eflos o el Fumber, colegios que son la crema y nata de la oferta masculina acomodada en este país de contrastes tan cromáticamente jodidos.
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Rudy, por ejemplo, es del Fumber, pero Paul es del Grasto, que está un pequeño peldaño más abajo en la escala socioeconómica nacional. Una diferencia aparentemente imperceptible que, sin embargo, en este complejo ecosistema de linajes, puede ser determinante. Hay quienes incluso afirman que un colegio ficho hace a las chicas y a los chicos más hermosos de lo que realmente son.
El colegio es, definitivamente, una carta de presentación. Paul lo sabe muy bien. Hace tiempo que le quedó claro que no es lo mismo responder Eflos o Fumber que Grasto, ante aquella pregunta que siempre surge, aparece, de cajón. Es una lógica de castas: mientras más prestigio ostenta el colegio, más representantes tiene en la lista de invitados y más soporte de grupo.
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Esto se traduce en que, mientras Paul se encuentra solo con dos o tres amigos de su promoción del colegio y a veces con ninguno, Rudy suele coincidir con unos veinte, siempre. Si acaso el cortejo de una noche prospera hasta una visita o una invitación al cine, cuando los padres preguntan a sus hijas, o al mismo cortejante, en qué colegio es que estudia, responder Eflos o Fumber es algo así como tener visa. Paul lo experimenta, a tal punto que cada vez que, ante la pregunta “¿y tú de qué colegio eres?”, y responde: “Grasto”, disimula un rubor secreto.




