Opinión

La educación en emergencia

Hay mucho por hacer en un sector que requiere una conducción técnica y firme defensa de la reforma.

Los dos años de teleeducación y de enseñanza virtual nos van a dejar, al menos, unos dos años de atraso para los millones de escolares que no tuvieron las facilidades para acceder al universo digital. Se estima que un 20% de estudiantes sí lograron conexión y mantuvieron una interacción con sus maestros, pero hay un vasto sector que no lo logró y, por lo tanto, ha perdido dos años de educación, casi al 100%.

Es lamentable que haya ocurrido algo parecido en el mundo entero, pero es aún peor que la situación sea extrema en el país, debido al prolongado cierre de centros educativos, posiblemente uno de los más largos a nivel mundial.

Este análisis corresponde al actual director global de Educación del Banco Mundial y exministro de Educación Jaime Saavedra, en una reveladora entrevista para La República, en la que considera que vivimos la peor crisis educativa de los últimos cien años. Para él, el retorno a clases “debió ser ayer” y este retraso tan prolongado podría tener efectos negativos permanentes.

No hay estudios en el Perú sobre los efectos de la pandemia en los escolares, pero datos recogidos en otros países permiten señalar que el 70% de niños de diez años no podrán leer y entender un texto simple. Es una cifra que espanta porque muestra el déficit de aprendizaje y la poca capacidad de la educación remota para generar estímulos educativos. Para Saavedra, “básicamente los chicos no han aprendido nada. Es una combinación del aprendizaje no adquirido y también olvidado”.

Esta es la situación a la que se deberá enfrentar el nuevo titular de Educación, una vez que sea nombrado por el presidente Castillo y que reciba las presiones del Congreso, en el que operan los representantes de las universidades “bamba” que cada tanto quieren tirarse abajo la reforma educativa.

El elegido tendrá que ser capaz de descubrir cómo acelerar el retorno a las aulas, con plena seguridad para los estudiantes y, simultáneamente, recuperar el tiempo perdido. Parece una tarea titánica, un esfuerzo extremo de la comunidad educativa para evitar los efectos permanentes y abordar las nuevas exigencias y la alta competencia del mercado laboral.

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