Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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Bellido vs. Vásquez: performance o gobierno

“Los gestos de Bellido tenían sesenta días de vida útil”.

En sus “Cuadernos de la cárcel”, Antonio Gramsci denunciaba “el gesto por el gesto”, acto con mucho ruido y poco alcance político. Para el marxista italiano era exceso de individualismo, lo opuesto al “espíritu de partido”.

Los que afirman que, bueno, lo que distancia al saliente Guido Bellido de la premier Mirtha Vásquez es una mera diferencia en el “estilo” de mando, no distinguen entre el “gesto por el gesto” y las acciones orgánicas de un partido de gobierno.

El gesto es fuego de artificio de corta vida. El anuncio inaugural del presidente Castillo de despachar fuera de Palacio para “descolonizar” el Perú, y el que lanzó al trote el expremier Bellido, “resolver” las agendas del corredor minero en Las Bambas en sesenta días fueron titulares de algunos días. Y no más.

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El problema radica en que a los gestos no les siguen decisiones de Estado. Cuando dejar Palacio no era parte de una política cultural sino el calco de lo hecho por Evo en Bolivia, en un contexto distinto. Cuando “resolver” el conflicto en Las Bambas pasaba en el mundo real por una negociación de gran envergadura (ducto completo o por tramos), que arrastra compromisos de largo aliento, impactos en el medioambiente y carteras de inversión monumentales, entre otros, Bellido se quedó sin cuerda. Los comuneros de Chumbivilcas se sintieron engañados por tanta retórica.

Luego del desgaste en Chumbivilcas, Bellido le echó el ojo a Camisea. Anunció la “nacionalización” de Camisea, sin consultar al presidente Castillo, ya no hablemos de PetroPerú. La verdad es que la renegociación ya estaba en la agenda del gobierno en el marco de reformas tributarias que prepara. La “mandada” de Bellido levantó titulares incendiarios que luego se atemperaron con más información que expuso el complejo asunto de la masificación del gas, que es lo que más interesa a la gente, y que depende de las futuras conexiones de gas natural. Para desánimo del gestual Bellido, esa pelota estaba en la cancha del Estado peruano.

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Así las cosas, los gestos de Bellido tenían sesenta días de vida útil. Ya en octubre, los actos performativos se desgastaban sin apuntalar un rumbo de gobierno.

Si algo ha quedado expuesto en estos primeros setenta días de gobierno es que Perú Libre no tiene cuadros suficientes para ser gobierno. Si Cerrón presionó para imponer a Nájar y luego a Bellido en el premierato y asumimos que eran sus “mejores” cuadros, hablamos de un partido huérfano. Ante las designaciones de Francke en el MEF y Velarde al frente del BCR, Cerrón, más allá de los epítetos, no fue capaz de soltar el nombre de un candidato alternativo a esos cuadros “neoliberales”. El jefe de Perú Libre tampoco propuso políticas públicas alternativas a las anunciadas por el titular del MEF.

Así pues, el gesto de palabras que caben en un tuit no alcanza para ser gobierno.

A Mirtha Vásquez le espera el desafío de gobernar, con grises y luces. Y apuntalar, tal vez, eso que Gramsci llamaba “el espíritu estatal”.