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Una hipótesis descartable

En el penoso contexto de los efectos residuales de la pandemia es probable que las acciones pasadas de los candidatos pesen menos que aquello que ellos no pudieron hacer.

Una hipótesis sobre los brotes populistas del Congreso 2020 es que apuntan a las elecciones del 2022. La idea sería que dentro de dos años los electores recordarán medidas espectaculares como haber vaciado los fondos de la ONP y las AFP. Así, un buen número de estos congresistas pasaría a encabezar regiones y municipios.

El problema con un esquema así no es el deseo de seguir en la carrera política, ni buscar favorecer a los futuros votantes. Lo cuestionable es la manera en que algunos buscan esa futura reelección, disponiendo alegremente de recursos públicos y privados. Medidas que serán el pivote de otras tantas campañas locales.

La clave de este hipotético esquema es que la entrega de fondos en estos días será recordada en el 2022, cuando el urgente alivio económico ya se habrá disipado, y que esa buena memoria propiciará algo así como un electorado agradecido. Pero habría que preguntarse si existe realmente tal cosa en la política.

La gratitud política es una cosa extraña, e infrecuente. Las elecciones se dan en una suerte de presente absoluto, donde los méritos personales pasados (reales o supuestos) pesan mucho menos que la capacidad de hacer promesas convincentes. Rara vez la victoria llega como un premio. Es más frecuente que llegue como un compromiso a futuro.

En el penoso contexto de los efectos residuales de la pandemia es probable que las acciones pasadas de los candidatos pesen menos que aquello que ellos no pudieron hacer. Esto vale para los identificados con este Ejecutivo y con el actual Congreso. Ni el 2021 ni el 2022 van a ser momentos para dar las gracias con el voto.

Si la saga de la pandemia va a crear figuras populares en la perspectiva del 2022, estas serán aquellas que actuaron sobre el terreno regional, provincial o distrital a lo largo de la crisis. Probablemente casi todos los que tuvieron sus 15 minutos bajo el sol desde Lima van a quedar por el camino, incluso dentro de sus propias agrupaciones.

Entonces se necesita otra hipótesis para explicar la extraña conducta de un Congreso con algunos integrantes dedicados a practicar la demagogia con tanto empeño. Siempre nos queda la ecléctica teoría del politiquero antisistema.