Opinión

Mujeres de la élite criolla

"Con o sin título nobiliario, marquesas, condesas u otras vecinas de las ciudades asumieron de diversas maneras la causa patriótica".

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Por: Pilar Ortiz de Zevallos.

El proceso independentista entre 1820-1821 coloca a la élite criolla peruana en un espacio incierto. Había que tomar partido del lado de los realistas o de los patriotas, asumiendo los riesgos que ello implicaba. En esa etapa, la actuación movida por los ideales libertarios de parte de un conjunto de hombres y mujeres de la élite criolla se caracterizó por su decisivo aporte a la declaración de la Independencia.

Generalmente asociadas a lo doméstico, un grupo importante de mujeres apareció en ese periodo participando en la escena pública. Con o sin título nobiliario, marquesas, condesas u otras vecinas de las ciudades asumieron de diversas maneras la causa patriótica. Mujeres como Brígida Silva de Ochoa o Petronila Ferreyros arriesgaron su vida en tareas de espionaje, redacción y difusión de folletos propagandísticos, actividades de conspiración y enlaces entre patriotas, o llevando armas. Mujeres, como Angelica Zevallos en Lima o Catalina de Arregui y Narcisa Iturregui en la Intendencia de Trujillo, dieron importantes donativos y organizaron la entrega de joyas y vajillas de plata para comprar armas y enseres para el ejército patriota. Tareas por las que muchas de ellas fueron apresadas, castigadas o torturadas.

El trabajo manual femenino tuvo un enfoque más allá del familiar, cuando ellas pasaron a alimentar, vestir y cuidar de los ejércitos libertadores. Algunas de las mujeres que confeccionaron las primeras banderas de la patria han pasado a la historia, como Micaela Muñoz de Cañete de Merino, quien estuvo a cargo del bordado de la bandera que se izó en 1820 en la declaración de la independencia trujillana.

El “pacto patriarcal”, según la historiadora Mariemma Mannarelli, entre los poderes eclesiásticos y civiles, marcó la desigualdad con que hombres y mujeres han sido percibidos por la sociedad, lo que suele ocurrir en relación a los vínculos extramatrimoniales. Es así, que a Manuela Sáenz y a Rosa Campusano se las recuerda sobre todo como las amantes de Bolívar y San Martín, y no así por el eficiente desempeño político que desempeñaron.

El General San Martín premió a 138 mujeres y a 14 Conventos de religiosas, por sus acciones a favor de la Independencia. En los años siguientes, este grupo social no llegó a una cohesión en su visión de Estado, viéndose perjudicado social y económicamente con la llegada de Bolívar y el gobierno republicano.

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