Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

La otra orilla
Profesor e investigador de la Universidad de Lima.

Más del columnista

Hernán Chaparro

NubarronesMartes 15 Sep 2020 | 12:32 h

Hernán Chaparro

Agenda ciudadana y eleccionesMartes 08 Sep 2020 | 7:12 h

Hernán Chaparro

Culpable soy yoMartes 01 Sep 2020 | 7:34 h

Hernán Chaparro

El JNE y las encuestas electorales hoyMartes 25 Ago 2020 | 10:15 h

El Congreso populista que no escucha al pueblo

”Lo que no ha cambiado es la dinámica de partidos que siguen la voz de sus dueños, de sus agendas internas”.

El término populista, para referirse al Congreso, aparece cada vez con más frecuencia. Surge como la forma de explicar el apoyo a medidas laxas en lo fiscal que, supuestamente, están orientadas a ganar el favor popular. Es cierto que existe una definición de populismo que alude a un manejo inadecuado de la economía (Dornbusch y Edwards la sostienen, por ejemplo) pero es un punto de vista que tiene un limitado poder explicativo, como lo vienen mostrando crecientes estudios sobre este fenómeno. Se centra solo en una versión del populismo (más de izquierda y predominantemente latinoamericana) dejando de lado el populismo de derecha y otras variantes. Hay partidos, movimientos y población con actitudes populistas donde esta forma de encarar la economía no los caracteriza. Diversas agrupaciones europeas (Forza Italia, UKIP en Reino Unido) o movimientos como el Tea Party, en Estados Unidos, tienen una mirada crítica sobre la intervención del Estado en el mercado, defienden políticas económicas liberales, y son populistas.

En relación con el Perú y América Latina, no hay texto académico que no deje de incluir al fujimorismo, al gobierno de Menem o al de Collor de Mello dentro del populismo, y todos ellos fueron bastante estrictos en el manejo fiscal. El enfoque que ha mostrado mayor utilidad hermenéutica es el llamado “ideacional”, que define el populismo como un conjunto de ideas, un discurso o “ideología ligera”. Las mismas, que deben estar presentes de manera simultánea, son: la mirada de la política en términos maniqueos, su definición como una lucha entre una élite corrupta y un pueblo homogéneamente bueno, idealizado y la percepción de que lo que legitima la democracia no es el pluralismo, sino la realización de la voluntad general, seguir “la voz del pueblo”. El populismo, en tanto forma discursiva, nunca está solo; siempre va acompañado de otros elementos que le dan contenido. Por eso, se debe considerar que hay muchas formas de populismo. Pero parece que en la derecha solo se ve un supuesto populismo de izquierda.

Desde este enfoque, es bueno volver a mirar el comportamiento de algunos grupos en el hemiciclo. Demanda ciudadana de tipo populista hay, ¿oferta? poca. Las medidas y proyectos vinculados al manejo económico más parecen parte de una estrategia cortoplacista de tipo clientelar (fallida, además) que una ideología populista. Se pueden confundir, pero no son lo mismo. ¿Escuchar la voz del pueblo? El referéndum y los recientes resultados electorales (dejemos de lado las encuestas) muestran la demanda ciudadana de un cambio en la forma de hacer política, de cortar la corrupción y el abuso del poder. Esa voz no la quieren escuchar. El mismo día que se dejaba de lado parte de la reforma política, se aprobaba investigar a SUNEDU. ¿La voz de quién escuchan? Lo que no ha cambiado es la dinámica de partidos que siguen la voz de sus dueños, de sus agendas internas. Que no se conectan con la demanda popular, no para bailar en función a ella o buscar aprovecharse de la misma, sino para interpretarla, debatir y proponer alternativas serias. Son los que sacaron 10% o menos y siguen desconectados.