Opinión

Hidalgo sentimental, o casi

"Sus poemas siempre han sido buena lectura, si bien confinados al desván de casi toda la poesía vanguardista, todavía hoy marginal al canon".

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Escribió atrocidades sobre, entre otros, Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Sánchez Cerro, en distintos momentos. Quizás es por lo que es más recordado. Aunque a pesar de su insistencia panfletaria fue un estupendo poeta de la vanguardia. Más aún, Alberto Hidalgo fue el primero en escapar del modernismo para afiliarse en la nueva corriente, en 1917.

Revuelta Editores acaba de publicar Diario de mi sentimiento (1922-1936), donde el poeta acopió sus prosas, en un hermoso volumen de casi 400 páginas. Están las diatribas, por cierto, pero también sus reflexiones literarias, sus confesiones (que todo panfletario termina haciendo en algún momento), sus encuentros con la actualidad y la nostalgia.

En su prólogo Juan Bonilla describe bien lo que le sucedió a Hidalgo (Arequipa 1897-Buenos Aires 1967): “Se enemistó con mucha gente, pero su principal y más voraz enemigo fue él mismo. Hizo cuanto estuvo en su mano para confeccionar un personaje atrabiliario y peleón que se ganó la fama y, al hacerlo, oscureció su propia producción literaria”.

Bonilla consideró a su obra literaria “espléndida por muchas razones”. Antonio Cornejo Polar ve en ella la “estupenda y relampagueante furia de su pasión anarquizante”. José Carlos Mariátegui comparó esa furia con la de un bacilo introductor de la fiebre, “sin la cual no hubiera sido posible elevar la temperatura de nuestras letras”.

Edgar O’Hara ha dicho que Hidalgo “se sobrevivió a sí mismo”. No sabemos si es una alusión a sus años de silencio en un largo y voluntario destierro, o a los decenios de escritura que produjo después de cerrar su ciclo de poemarios, en 1928. La frase de O’Hara es algo críptica, pero se presta a ser intuida por donde se la mire.

Desde el título de su texto, “Desenterrar a un gigante”, Bonilla plantea que hoy Hidalgo está listo para el rescate. Sus poemas siempre han sido buena lectura, si bien confinados al desván de casi toda la poesía vanguardista, todavía hoy marginal al canon. Hidalgo entendió la vanguardia como una “cooperativa general de esperanza”, acaso su verso más citado.

Esta reedición de Hidalgo nos pone en contacto con una persona mucho más interesante que su imagen pública, si se puede llamar así a tantos decenios de ostracismo.

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