Protección de datos personales en tiempos digitales, por Erick Iriarte
“Nos hacen la vida más cómoda, nos rodean de un entorno amigable, rodeados de personas con ideas similares a las nuestras, nos muestran un mundo que nos gusta porque lo conocemos”.

Cuando se habla de la Cuarta Revolución Industrial se hace, generalmente, en relación con una transformación de la sociedad derivada del uso intensivo e integrado de las tecnologías emergentes. Tecnologías que están modelando la sociedad en su sentido más amplio. Se reformula la manera de relacionarnos, la manera de hacer negocios, de hacer política. Todo se transforma mediante la tecnología.
Pero ¿qué hay detrás de este nuevo diseño económico, social y político? ¿Cuál es la materia prima que mueve la innovación y el desarrollo de la nueva sociedad? Seguramente, la respuesta rápida y fácil sería los datos.
Esta respuesta rápida nos puede llevar a un grave error. Pensar que no hay nada importante en juego, “solo datos”. Y es, justamente, en este punto donde es necesario detenernos y replantearnos está afirmación, hacernos nuevas preguntas.
¿Quién genera los datos? ¿A quién afectan las decisiones que se adoptan en base a esos datos? ¿Quién se ve influido por los algoritmos entrenados con datos?
Las personas, los seres humanos. ¿En qué nos convierte esto? ¿En seres conducidos, influidos por aquellos que ostentan el poder sobre la información y las tecnologías?
Nos hacen la vida más cómoda, nos rodean de un entorno amigable, rodeados de personas con ideas similares a las nuestras, nos muestran un mundo que nos gusta porque lo conocemos.
Ante esto, corremos el peligro que las nuevas generaciones se conviertan en seres vacíos, sin expectativas, sin sueños … y dominados por una visión donde el dios que lo gobierna todo es la tecnología (y aquellos que gobiernan esa tecnología).
El nuevo modelo de sociedad digital se está desarrollando usando a las personas. Sin embargo, los derechos y las libertades de esas personas no siempre están en el centro de la toma de decisiones. Y todo esto ocurre de forma casi imperceptible para los individuos. La tecnología se integra en nuestras vidas, en nuestros cuerpos, sin que seamos conscientes de ello, sin ninguna reflexión crítica por nuestra parte.
Pero ¿y si la realidad fuera otra? ¿Y si el camino que se emprende partiera del empoderamiento en las personas a través de la formación desde los primeros años? ¿Por qué no empujar una generación dotada de la conciencia y conocimientos necesarios para aprovechar los beneficios que la tecnología aporta y hacer frente, de forma crítica y constructiva, a los riesgos que puedan irse encontrando?
¿Quién puede no querer una sociedad así? ¿A quién no le interesa una sociedad formada y libre? Una sociedad en la que lo normal no sea vivir constantemente monitoreado y perfilado. Una sociedad que no se cree usando como materia prima a las personas y nos las convierta en esclavos felices en un mundo cómodo en el que otros deciden lo que es mejor para su presente y su futuro.
Y añadamos el covid-19. La discusión de qué modelo de monitoreo se debe tener pasa por uno, donde, toda la información del individuo debe estar de cara a la sociedad, siendo así, la protección de sus datos no prima, sino evitar que el resto se afecte; el otro modelo implica una protección del individuo aún (y más aún) en tiempos como los actuales.
Probablemente la solución esté de un lado donde la utilización de los datos solo sea para lo establecido en la ley (una excepción de carácter sanitario, tal como plantea la Autoridad de Datos Personales de Perú), con una finalidad clara y un plazo perentorio para eliminar dicha data pasada la pandemia.
Y la pregunta que se debe hacer cada individuo, ¿usted confía en que el gobierno usará adecuadamente sus datos y no tendrán ningún otro uso ulterior o su mala aplicación no pudiera generar mecanismos de segregación o discriminación por estar con o haber tenido “covid”? Pensemos, ¿a quién le daría usted la clave de su celular, a quién le daría sus datos personales? De su respuesta dependen muchas cosas.












