Elizabeth Rosas: “Incluso hay violencia sin que lo sepan las personas”
Rosas es psicóloga y lo que ama de su trabajo es poder cambiar historias para bien. Informes en padmaperu.com

Elizabeth Rosas dirige Padma, una organización sin fines de lucro creada en 2012 para brindar ayuda a poblaciones vulnerables. Su mayor gratificación, asegura, es cambiar historias.
¿Es posible erradicar la violencia?
Claro. En Padma trabajamos de dos maneras para eso, a través de la prevención y la deconstrucción. Esto último es un proceso largo, pero es posible modificar patrones de conducta a través de la crianza positiva, porque en realidad se trata de algo aprendido que se perpetúa en generaciones y se trata de cambiar.
¿Trabajan solo temas relacionados con violencia?
Principalmente, sí, porque nos dimos cuenta de que muchas personas venían de problemas de trasfondo. Por ejemplo, problemas de pareja o los hijos en la escuela, pero el origen era un historial de violencia.
¿Y cómo trabajan para solucionar estos problemas?
Realizamos psicoeducación, terapia de pareja, de familia, talleres y, además, trabajamos con una casa hogar brindando soporte psicológico a niños en situación de abandono. También realizamos proyectos para empoderar a estudiantes y mujeres.
¿Qué tipo de proyectos?
Con los estudiantes trabajamos en los mismos colegios. Con las mujeres, tenemos una empresa social llamada Puriy donde hacen calzados para bebés. Las ayuda a independizarse económicamente después de haber vivido una etapa de violencia.
¿Qué tipo de violencia es más frecuente en las consultas?
De todo, incluso hay violencia sin que lo sepan las mismas personas porque lo tienen normalizado. Agresión de pareja, en hijos, de tipo psicológica, física, económica, etc. Por lo general, son mujeres. También vienen hombres.
¿Ellos se atienden como víctimas?
Sí, pero también como agresores. Pueden venir, por ejemplo, hombres sentenciados o alejados de sus familias que quieren recuperarlas y mejorar.
¿Un agresor puede cambiar?
Se trata de deconstrucción, mostrarles que tienen pensamientos errados. Por lo general, el problema tiene que ver con una cultura machista aprendida. Si se trabaja para desaprender, es posible modificar sus conductas. Cuesta mucho, pero es posible.
Debe hacerse con un profesional.
Todos merecemos la oportunidad de cambiar. No quiere decir que una víctima deba esperar que su agresor cambie mientras arriesga su integridad. Una persona puede hacer su progreso personal, pero lejos de su víctima.












