Malpensados

Sé que a don Javier Velásquez Quesquén lo han llamado cariñosamente Sipán, tal vez por esa dulce carita que recuerda tanto a un huaco moche, pero de allí a pensar que podría ser el dueño del codinome homónimo hay mucho trecho y mala fe.

Maritza Espinoza
15 09 2019 | 09:48h

A mí, francamente, aquellos que pretenden vincular a nuestros inmaculados padres de la patria con esos setenta y un codinomes de políticos que habrían recibido plata de Odebrecht para sus campañas me parecen una manga de envidiosos que solo pueden servir a los dictados de George Soros, Gustavo Gorriti, Julio Guzmán y Timoteo, ese dinosaurio disforzado que ya se vestía de morado cuando Odebrecht organizaba divertidas cuchipandas para sus allegados locales, señal que los demás peruanos, manipulados como andamos por las campañas subliminales del Hezbolá, el Priorato de Sion, el Grupo Bilderberg, los Iluminatti y el Club de fans de Camilo Sesto, no supimos ver.

Porque, hay que ser bien malintencionados para asociar los codinomes que el granuja de Barata inventaba para los receptores de sus coimas con gente respetable, incorruptible, brillante e intachable, que siempre se ha mostrado implacable con la corrupción, al punto que -exponiéndose a prejuicios y malos entendidos- se opusieron a la firma de ese convenio que solo iba a servir para que una manga de fiscales figuretis pusieran en boca de los testigos aquello que les convenía que dijeran. ¿No que no?

Por eso, y con la objetividad que nos caracteriza, revisemos la trayectoria de algunos de los presuntos dueños de los codinomes y verán que no hay ningún motivo para pensar que alguna vez los movieron intereses personales o el aroma a corruptela que emanaba de la caja de operaciones estructuradas. Porque, señores, parafraseando su fenecido líder, otros se venden, ellos se alquilan.

Comencemos con el codinome que -engañosamente- parece el más evidente, pero que justamente por eso debe causar mayor sospecha: Apra. ¿Por qué Barata, ese genio universal del chaplín, pondría un codinome tan obvio al partido que, de pura casualidad, era el que gobernaba en los años en que se dieron las coimas para Olmos, Metro de Lima e Interoceánica sur?

Eso es casi como decir que AG era Alan García o que Keiko era Keiko Fujimori: una obviedad tan burda que viene a ser la mejor prueba de que esos codinomes corresponden a otra gente. ¿Por qué no justamente a un enemigo de esa honorabilísima agrupación política? ¡Piensen! ¿Acaso el mayor enemigo de Alan García en vida no se llamó Fernando “Popi” Olivera? ¡Revísenlo!

Ya que estamos en esas, sé que a don Javier Velásquez Quesquén lo han llamado cariñosamente Sipán, tal vez por esa dulce carita que recuerda tanto a un huaco moche, pero de allí a pensar que podría ser el dueño del codinome homónimo hay mucho trecho y mala fe. Es también pura casualidad que fuera don Javier el presidente del Congreso cuando una comisión que investigó limpiamente la concesión de la Interoceánica Sur determinó, con integridad absoluta, que esa obra era la transparencia pura. Eso, obviamente, tampoco convierte a Aurelio Pastor, miembro de la mencionada comisión (que se llamó, oh, casualidad, Comisión Pastor) en Pastor Alemán. Hay otros en el Apra que ladran mejor y más fuerte.

También hay quienes han relacionado el codinome Dr. No con don Lucho Galarreta -quien, by the way, fue visto tomando unos tragos el jueves con su amigo Gilbert Violeta en el Bar Inglés, del Country, demostrando lo democrático que es el fujimorismo-, solo por la circunstancia de que, tanto él como el personaje de Ian Fleming usan tenazas de acero en lugar de manos. Que Galarreta haya respaldado el informe que limpió a Odebrecht es solo un detalle sin importancia. Ya lo dijo en su campaña: ¡a él nadie le rompe la mano!

Mención aparte merece Castelo, el codinome que algunos relacionan con don Jorge del Castillo, quien, obviamente, ha negado tamaño despropósito. Él, que aplaudía a Barata cuando reveló que Odebrecht había aportado para la campaña de los siniestros esposos Humala, ahora ha dicho que esos aportes no son delito. ¿Acaso se expondría al ridículo con tamaña reculada si tuviera la conciencia sucia? Ya, no me respondan.

En total, repetimos, son 71 personajes que tendrían su codinome cada uno. Ya nos morimos por saber cuáles serán los siguientes. Por lo pronto, pagaría por saber ya a quién corresponden Mal Padre, McCartney, Darth Vader, Pelado, Primo de Vero o Alpaca. Pero, sobre todo, Nervioso, codinome que, a estas alturas, tiene tantos sospechosos que -cuentan las malas lenguas- en los alrededores del Congreso se habrían agotado las existencias de Diazepam.

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