
En su artículo en este diario (al igual que en un artículo anterior al que respondí), el embajador israelí Eran Yuvan no cita una sola fuente. No lo hace porque no suelen existir fuentes verificables e independientes que corroboren lo que dice: el suscrito facilitará a La República sus fuentes para que quien lo desee pueda verificarlas.
El régimen iraní tiene una interpretación del Islam incompatible con la democracia, los derechos humanos y los derechos de la mujer, pero no es (como dice el embajador), “fundamentalista”. Ese es un término de origen cristiano evangélico referido a la idea de que la Biblia debe ser entendida literalmente. Si acaso, es fundamentalista su aliada política, Milagros Jáuregui, cuyo centro para niñas violadas a las que se niega el acceso al aborto terapéutico usted visita.
El régimen iraní viola el derecho internacional al exigir que otro Estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas (Israel) desaparezca del sistema internacional. Pero Israel también ha violado sistemáticamente resoluciones vinculantes del Consejo de Seguridad de la ONU sin que, a diferencia de Irán, haya padecido sanción alguna por ello. Por ejemplo, las múltiples resoluciones que, desde la 242 de 1967, le exigen retirarse de los territorios palestinos que ocupa ilegalmente. De otro lado, la propia Corte Internacional de Justicia sostiene que algunas declaraciones respecto a Gaza de gobernantes israelíes podrían interpretarse como expresión de una intención genocida. E Israel también ha urdido planes para fragmentar Estados como Siria e Irán (es decir, para desaparecerlos). Por ejemplo, en un cable filtrado por WikiLeaks de 2012, Hillary Clinton sostenía que la caída de Bashar al‑Assad en Siria “podría iniciar una guerra sectaria entre los chiitas y la mayoría sunnita de la región, arrastrando en ella a Irán, lo que, desde la perspectiva de los comandantes israelíes, no sería algo malo para Israel y sus aliados occidentales”. Y el diario israelí The Jerusalem Post, en un editorial del 18 de junio de 2025, pedía a Donald Trump que “forje una coalición para la partición de Irán”, ofreciendo “garantías de seguridad a las regiones de las minorías sunní, kurda y baluchi favorables a la partición”.
Sobre el programa nuclear iraní, es increíble que aún se tome en serio la versión del gobierno israelí: Benjamín Netanyahu viene diciendo que Irán está a meses de obtener una bomba atómica desde 1996, sin que eso jamás haya ocurrido. Según Tulsi Gabbard, directora nacional de Inteligencia del gobierno de Trump, el consenso de las agencias de inteligencia estadounidenses era que Irán no estaba construyendo armas nucleares cuando fue atacado por Israel y Estados Unidos en junio de 2025. De cualquier modo, Trump sostuvo tras esos ataques que el programa nuclear iraní había sido “total y completamente destruido”.
Por lo demás, a diferencia de Israel, Irán es parte del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y acepta inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). De hecho, Israel incumple desde 1981 la resolución 487 del Consejo de Seguridad de la ONU, que le exige colocar sus instalaciones nucleares bajo supervisión de la OIEA. Además, Irán había suscrito en 2015, con la aprobación unánime del Consejo de Seguridad de la ONU, el Plan de Acción Integral Conjunto en torno a su programa nuclear, y lo cumplía hasta que Trump decidió abandonarlo unilateralmente en 2018 (a instancias de Netanyahu, que incluso dio un discurso con ese fin ante el pleno del Congreso de los Estados Unidos). Después de eso, Irán enriqueció uranio al 60 % en clara violación del TNP, pero Estados Unidos e Israel iniciaron dos guerras contra Irán durante negociaciones sobre su programa nuclear y, según agencias de inteligencia occidentales y un reporte del Parlamento británico, quien tiene armas nucleares es Israel.
No es cierto, como sostiene el embajador, que Irán atacara a Israel en 2024 “sin provocación alguna”: Israel había atacado durante años objetivos iraníes en Siria (incluyendo su consulado en Damasco) y había asesinado a científicos nucleares iraníes dentro de su país. Es cierto que el régimen iraní ha realizado ataques no provocados contra sus vecinos árabes, los cuales son una violación del derecho internacional. Pero también son una violación al derecho internacional los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán en 2025 y en 2026.
El embajador israelí dice que “Esta operación busca, además, crear las condiciones para que el pueblo iraní tome su futuro en sus manos (…)”. Eso es falso a múltiples niveles: lo más cercano a un gobierno democrático que jamás tuvo Irán fue el que dirigió Mohammad Mosaddeq hasta 1953, el cual fue derrocado por una conspiración de Estados Unidos y el Reino Unido para reinstaurar la dictadura del Mohammad Reza Pahlavi, aliado de esos países y de Israel. Israel ha promovido sanciones y dos guerras contra Irán, que han tenido como principales víctimas a los civiles iraníes, y Estados Unidos propició la guerra que enfrentó a Irán e Irak durante ocho años. En la actual confrontación Estados Unidos e Israel han atacado repetidamente infraestructura civil (como colegios y hospitales) y, según la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, hasta el 12 de marzo 3,2 millones de civiles iraníes habían huido de su lugar de residencia por los ataques contra su país. Por lo demás, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, tiene una requisitoria por crímenes de guerra y de lesa humanidad planteada por la Corte Penal Internacional, y el Estado al que representa el embajador está acusado por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia (demanda que los jueces de la misma aceptaron procesar por una votación de 14 a 1): esas no son las credenciales de un gobierno preocupado por la suerte de los civiles iraníes.
El embajador termina diciendo que el régimen iraní es “considerado como el mayor financiador del terrorismo internacional”. Que el régimen iraní financia grupos que emplean el terrorismo como medio es cierto, pero eso es algo que Israel comenzó a hacer incluso antes que Irán. Por ejemplo, cuando Israel respaldó la creación del Ejército del Sur del Líbano (uno de los perpetradores de las masacres en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en 1982), Hamás, Hezbolá o las milicias hutíes de Yemen ni siquiera existían.
Reto al embajador o a quien él designe a debatir públicamente sobre estos temas.





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