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Opinión

Condena a Bolsonaro: el eco de la Carta Democrática Interamericana, por Diego García-Sayán

"Dos décadas después, los principios adoptados en Lima siguen vigentes: la democracia debe ser protegida de quienes buscan destruirla".

Diego García-Sayán
Diego García-Sayán

El 11 de septiembre de 2001, en Lima, la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó por unanimidad la Carta Democrática Interamericana. Como canciller peruano, me correspondió presidir esa sesión extraordinaria de tanta trascendencia, que reunió a los países americanos con un propósito claro: establecer los principios fundamentales que definen la democracia y comprometerse a defenderla frente a amenazas al orden constitucional.

Pesaba en el impulso peruano la experiencia sufrida con la autocracia generada por el “autogolpe” de Fujimori en 1992. Algo así no debería repetirse jamás.

El espíritu de Lima 2001

En la Carta Democrática se estipula que los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia, y los gobiernos, la obligación de promoverla y defenderla.
Contempla mecanismos para actuar cuando se produce una alteración o ruptura del orden democrático, desde la intervención diplomática hasta la suspensión de un Estado miembro en la OEA. Ese instrumento fue la respuesta a episodios autoritarios que corroían la región y se convirtió en un referente normativo.

“La democracia es un derecho de los pueblos y una obligación de los gobiernos”. – Carta Democrática Interamericana

Bolsonaro condenado

El 11 de septiembre de 2025 —aniversario de gran simbolismo—, Jair Bolsonaro fue condenado por el Tribunal Supremo de Brasil a 27 años de prisión por liderar un intento de golpe de Estado. Se lo responsabilizó de planear el vaciamiento institucional y organizar una conspiración criminal contra la democracia. Por primera vez, un expresidente brasileño recibe un castigo tan severo por conspiración golpista, lo que marca un punto de inflexión para la justicia brasileña.

“Nunca antes un expresidente brasileño había recibido una condena tan severa por conspirar contra la democracia”.

El eco de la Carta Democrática

La condena refleja, en la práctica, lo que la Carta Democrática de Lima buscaba prevenir: la impunidad de quienes atenten contra el orden democrático. En Brasil fue la propia justicia la que, con independencia, sancionó el intento de ruptura. Un sólido precedente que reafirma que las instituciones pueden y deben defender el marco constitucional frente a la amenaza autoritaria.

“La justicia brasileña aplicó en 2025 lo que Lima proclamó en 2001: la democracia debe ser defendida con firmeza”.

¿Punto y aparte o punto final?

El fallo no necesariamente es el punto final en la carrera política de Bolsonaro. Sus partidarios mantienen viva la esperanza de amnistías o beneficios que atenúen el castigo. Además, Bolsonaro conserva apoyo dentro de la derecha brasileña, lo que le permite influir en elecciones futuras.
Sin embargo, la sentencia lo inhabilita electoralmente y establece una barrera institucional que limita su retorno al poder. Es un golpe simbólico y real a su proyecto político.

Una coincidencia con resonancia histórica

Que la condena se haya dictado exactamente en la misma fecha en que, en Lima, se aprobó la Carta Democrática Interamericana no es un mero azar. Se trata de un recordatorio de que los compromisos asumidos por las naciones de la región, hace más de dos décadas, pueden encontrar eco hoy en decisiones judiciales concretas.
Es una señal clara de que la defensa de la democracia no es retórica: exige hechos, sentencias y responsabilidades.

“11 de septiembre: en 2001, Lima reafirmó la democracia; en 2025, Brasil castigó al golpismo”.

Hito regional

La aprobación de la Carta en Lima en 2001 fue un hito normativo regional. La condena contra Bolsonaro es, a su modo, una clara validación de esos principios. El futuro dirá si esta sentencia constituye el cierre definitivo de su carrera política o simplemente un capítulo más.
Lo que sí queda claro es que, dos décadas después, los principios adoptados en Lima siguen vigentes: la democracia debe ser protegida de quienes buscan destruirla.

“La democracia no se defiende sola: requiere instituciones firmes, justicia independiente y memoria histórica”.

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