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Opinión

Sin ninguna expectativa, por Rosa María Palacios

Lo más probable es que Dina Boluarte, en este naufragio, se sostenga en la única tabla de salvación que tiene la tecnocracia peruana hoy: el Banco Central de Reserva

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Rosa María Palacios 27-07

Mañana, 28 de julio, la presidenta Dina Boluarte concurrirá al Congreso para cumplir la obligación constitucional de dar un mensaje anual, personal y por escrito, que contenga “la exposición detallada de la situación de la República y las mejoras y reformas que el presidente juzgue necesarias y convenientes para su consideración por el Congreso”. Esta será la tercera y última vez que lo haga.

A juzgar por las dos anteriores oportunidades, lo más saltante que podemos esperar es que sea un discurso muy largo. En el 2023 se extendió más de tres horas y en el 2024 más de cinco horas. En los días siguientes a ambos eventos no mostró, ni la presidente ni su entorno, remordimiento alguno y menos propósito de enmienda. Al parecer, el objetivo era uno solo: probar que sí sabe leer y que puede estar de pie, sin necesidades corporales, en búsqueda de un insólito récord. Si esto le parece mérito, no podemos sino esperar que el discurso de despedida sea más largo, más tedioso y más aburrido. Parece imposible de lograr después de lo que vivimos en el 2024, pero va por ello. Hacerse odiar ya es casi su deporte favorito.

Acumulando yo más de un par de décadas en estas coberturas, el discurso que cierra el cuarto año de un mandato es el más intrascendente de todos. El desgaste de los gobernantes hace que no tengan nada nuevo que decir u ofrecer para los 12 meses que le quedan. Las audiencias ya no creen en nada y el cambio de gobierno es la mayor esperanza de todos.

Sin embargo, algún balance hay que ofrecer. ¿Cuál es la situación de la República? En materia de gobierno y democracia, tal vez una de las tesituras más críticas. La debilidad de instituciones básicas (poderes del Estado) y la demolición del Estado de derecho no ha hecho sino empeorar. El Congreso ha consagrado un conjunto de reformas constitucionales que han debilitado tanto a la presidencia de la república que resulta casi irrelevante quién resulte elegido el próximo año. Si no le gusta a la mayoría de 2/3 del Congreso, sin causa alguna, se le revocará el mandato con la bendición de este Tribunal Constitucional que se ha distinguido por sentenciar contra el texto expreso de la Constitución y ha desconocido fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Este mismo Congreso, al abolir las PASO, ha patrocinado la fragmentación del voto para, como reyes de los enanos, perpetuarse en el poder, reelegirse a través de otra reforma constitucional a la medida y apuntalar la espantosa crisis de representación política que vivimos ya por décadas.

¿Cuál es la situación de la República en la gestión de servicios públicos? En materia de seguridad ciudadana, de un año a otro, lo único que ha incrementado es el número de asesinados. Las cifras son de espanto, pero parece que a Dina Boluarte su ministro del Interior censurado, ahora su “monitor” que despacha al lado, la ha convencido de que eso de subir de 2 a 6 asesinados diarios no es problema suyo. La extorsión, el crimen que ha cerrado a miles de pequeños negocios y obligado a huir a otros miles de peruanos, ya está “normalizado”. Es verdad que en esta materia Boluarte tiene el invalorable apoyo del Congreso que ha generado el mayor esfuerzo legislativo en materia de protección de criminales que conozca nuestra historia reciente, pero me encantará escuchar qué es lo que la presidenta nos va a contar, porque no podemos esperar más que eso: un cuento, bastante malo por cierto.

En educación (adiós meritocracia), salud (niños sin vacunar), justicia (para los amigos, todo), alimentación complementaria (carne de caballo, veneno o ambas) o infraestructura (total, “corrupción hay en todos lados”), las brechas siguen ahí, intactas o deteriorándose. Y no es por falta de gasto. Conforme al Consejo Privado de la Competitividad, solo en este gobierno (2021 – 2025) el gasto estatal en personal y obligaciones sociales ha crecido un 33 % y es de 40,000 millones de soles (más de la mitad del presupuesto público). Durante todo el gobierno de Boluarte las metas de déficit fiscal se han incumplido o se han alterado para incumplirse.

Lo más probable es que Dina Boluarte, en este naufragio, se sostenga en la única tabla de salvación que tiene la tecnocracia peruana hoy: el Banco Central de Reserva. Gracias a un directorio técnico y celoso garante de su ley, el deber que le impone la Constitución ha prevalecido frente al desmadre institucional que es el país. La finalidad del BCR es preservar la estabilidad monetaria. Un objetivo constitucional clarísimo y sobre el que ha puesto a trabajar a los mejores economistas del país. Objetivo claro, recursos humanos meritocráticos capaces y con excelente nivel y recursos suficientes. ¿Resultado? El BCR tiene hoy al sol como una de las monedas más sólidas del mundo.

Pero el BCR no es el MEF. Ni remotamente. Hoy, un Ministerio de Economía débil le aguanta un festival de exoneraciones tributarias a un Congreso que, encima de bajar la recaudación, es promotor de economías ilegales que no tributan (minería ilegal y postergación del Reinfo) y entusiasta generador de gasto público (cosa que le está prohibida por la Constitución y el TC les permitió). Un MEF que no pudo decir que no al alcalde de Lima en sus carísimas aventuras de endeudamiento para nada.

Así, el modesto crecimiento peruano de este año no es obra de Dina Boluarte, ni del Congreso que bostezará mientras la escucha. Si se ha incrementado ligeramente el empleo formal en Lima, si se espera un PBI de 3 % para el 2025, si por fin la inversión privada podría cerrar el año con un crecimiento de 6 %, esto es “a pesar de” y no como consecuencia de alguna reforma o política pública.

La Constitución manda que se propongan mejoras o reformas. En los últimos tres años hemos esperado solo una: que se vayan todos. No quisieron otra cosa que ni fuera durar sin gobernar. La respuesta es un extendido repudio popular. A 9 meses de la primera vuelta electoral hay, otra vez, esperanza de recuperar el país para el bien común y el Estado de derecho. Mientras la presidenta lea horas de horas, piense usted en una sola cosa: ya se va. Y eso vale para un ¡Feliz 28! Y no se olvide de lo más importante.

Este 2026, #PorEstosNo.

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