
Flávio Bolsonaro aventaja por cuatro puntos porcentuales al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la primera encuesta de Datafolha sobre la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, prevista para el 25 de octubre. El senador del Partido Liberal (PL) registra un 49% de la intención de voto, frente al 45% del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), según el sondeo divulgado el último jueves.
La diferencia se encuentra dentro del margen de error de dos puntos porcentuales, por lo que Datafolha considera que ambos aspirantes están técnicamente empatados. El estudio también señala que un 5% de los encuestados votaría en blanco o anularía su sufragio, mientras que el 1% aún no ha decidido. Entre quienes ya eligieron candidato, el 94% afirma que mantendrá su decisión y el 6% admite que podría cambiarla.
El resultado prolonga la ventaja que Flávio Bolsonaro obtuvo en la primera vuelta del domingo, cuando recibió el 47,03% de los votos, frente al 45,16% de Lula. El senador, de 45 años e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, busca ampliar ese respaldo antes de la votación definitiva, mientras el mandatario intenta revertir la diferencia.
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El candidato del PL inició la segunda fase de la campaña con acuerdos entre partidos y dirigentes de derecha y centroderecha. A los respaldos de los exgobernadores Ronaldo Caiado y Romeu Zema se sumó el escritor Augusto Cury, quien obtuvo casi el 3% de los votos en la primera vuelta.
Cury aclaró que su apoyo no implica una adhesión incondicional. "Mi apoyo no es un cheque en blanco", señaló en un comunicado, en el que también descartó participar en un eventual gobierno.
Caiado justificó su respaldo con un objetivo directo, derrotar al PT. Zema también se alineó con el senador, mientras que Renan Santos, otro de los aspirantes, rechazó apoyar a cualquiera de los dos candidatos.
La campaña de Flávio también quedó marcada por sus propuestas de reforma constitucional. Tras plantear cambios profundos en las instituciones, el senador aclaró que sus iniciativas se tramitarían por vías legales y mediante propuestas de enmienda a la Constitución. Entre sus prioridades mencionó reducir la mayoría de edad penal de 18 a 16 años, reformar el Poder Judicial y eliminar la reelección presidencial.
Las declaraciones iniciales provocaron críticas y preocupación por el alcance de sus planes. Después, el candidato aseguró que respetará la Constitución de 1988 y rechazó las comparaciones con el intento de golpe de Estado que llevó a la condena de su padre.
Lula restó importancia a los resultados de los sondeos y afirmó que su prioridad es conseguir más votos que su rival. "No evalúo encuestas, no trabajo así. Trabajo sabiendo que necesito tener más votos que Flávio para ganar las elecciones. Tengo 17 días para eso", declaró.
El presidente reconoció que esta es "la campaña menos organizada" desde su primera candidatura presidencial, en 1989. Tras varios días de reuniones con sus asesores, retomó los actos públicos en Ceilândia, en la periferia de Brasilia, donde pidió a sus simpatizantes movilizarse para asegurar la victoria.
"¡Vamos a ganar estas elecciones!", exclamó ante cientos de militantes. También prometió que Brasil no volverá a ser gobernado por el fascismo, en referencia a su rechazo al regreso de la familia Bolsonaro al poder.
Durante el acto, el mandatario criticó a su adversario por sus vínculos con Estados Unidos y lo relacionó con el escándalo financiero del Banco Master, que ha salpicado a diversas autoridades y aliados políticos.
La campaña de Lula prevé reforzar su presencia en internet, un terreno en el que su equipo considera que la derecha tiene ventaja. El presidente publicó su primer video tipo selfi para llamar a sus seguidores a conversar con los electores y anunció que aumentará su actividad digital.
"Ahora me estoy convirtiendo en el rey de los selfis, me estoy volviendo internauta", afirmó durante su primer acto callejero tras la primera vuelta.
En paralelo, miles de personas salieron a las calles de Sao Paulo y otras ciudades para protestar contra un posible regreso de la extrema derecha. Entre las consignas destacó "Sin amnistía, sin perdón", en alusión a la posibilidad de que Flávio promueva la liberación de su padre, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado.
Ambos candidatos podrán reanudar sus campañas en radio y televisión y acordaron participar en al menos un debate antes del 25 de octubre. La disputa se concentra ahora en captar nuevos votantes, consolidar las alianzas y convencer a quienes todavía podrían modificar su decisión.