Keiko Fujimori en la encrucijada, por Ricardo Uceda

El indulto recibido por Alberto Fujimori coloca a Keiko Fujimori en un dilema extremadamente difícil: ¿pacta o no con su padre y su hermano? Una conducta flexible no es característica de la jefa de Fuerza Popular.

26 Dic 2017 | 7:34 h

Aunque resultan más visibles los yerros del presidente Kuczynski, no son poco sorprendentes algunos de Fuerza Popular. Cometió por lo menos dos errores graves, cuya explicación permite comprender mejor la problemática del partido. La dirigencia no es proclive a la autocrítica. Ahora está por verse si Keiko Fujimori modifica su política interna o la mantiene. De ello dependerá su liderazgo en el partido.

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Efecto contrario

El primer grande error de Fuerza Popular fue lanzarse como un toro ciego contra el Ministerio Público, en pos de la cabeza del Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, a sabiendas de que no la cortaría. Era previsible que no tendría los votos suficientes. La célula parlamentaria aprista, antes de dividirse, se diferenció desde el primer momento. ¿Cuál, entonces, era el propósito? No parece otro que amedrentar a Sánchez y a los fiscales que ven casos en los que personajes de Fuerza Popular podrían estar implicados. El resultado fue opuesto a lo esperado.

En situaciones de este tipo, la opinión pública se pone del lado de quienes investigan. Y los investigadores, a su vez, fortalecen su espíritu de cuerpo. Así ha ocurrido recientemente en Brasil, en Guatemala y en otros lugares, cuando acciones del poder político parecieran querer afectar la acción de la justicia. Aquí la bravata produjo tres consecuencias. Por un lado, los fiscales cerraron filas en torno a su jefe. Por otro, sectores críticos a Pablo Sánchez –por ejemplo, periodísticos− pasaron a apoyarlo. Tercero, los casos en los que hay implicancia de Keiko Fujimori y su partido cobraron más relevancia. Ahora hay mayor convicción en el Ministerio Público para investigar a Fuerza Popular.

Lo de las bases

Fue esta denuncia sin base contra Pablo Sánchez la que finalmente convenció a muchos de que un golpe del Congreso contra otros poderes iba en serio, al asociársela con el pedido de vacancia a PPK. Otro proceso, el que se inició contra cuatro magistrados del Tribunal Constitucional, no representaba la misma amenaza. El “cambio de voto” que hicieron era criticado desde distintos sectores y la denuncia estuvo apoyada no solo por Fuerza Popular. De hecho, nació de un ministro de PPK. El proceso se salió de los cauces cuando la Sub Comisión de Acusaciones Constitucionales propuso destituir a uno de los jueces, cuyo ejercicio jurisdiccional se halla protegido contra medidas de esa naturaleza. Por este motivo el Congreso ya tiene encima a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante la cual, dígase lo que se diga, todos los grupos políticos terminan llevando sus problemas.

En resumen, la acción contra el TC pasó a lucirse como conspiración antidemocrática cuando se lanzó la descabellada acusación contra el Fiscal de la Nación. Sin esta, no terminaba de armarse el muñeco de la conspiración.

El grupo Kenji

El segundo grave error antecede al primero: consistió en la desatención –a veces maltrato– a sus bases provinciales por parte de Fuerza Popular. Con 71 congresistas a cuestas, era obligatorio mantener un sistema de consultas y concesiones efectivo, algo que a todas luces falló.

De acuerdo con diversos testimonios, la opinión de Keiko es inflexible. “A veces discutir con ella es como hacerlo con una pared”, dijo una fuente. Luego de ella ejercen el poder sus asesores ejecutivos Pier Figari y Ana Vega, y los parlamentarios notables están en un tercer círculo. Los que no son notables −la gran mayoría− usualmente deben obedecer y sufrir desplantes cuando protestan. Con este descontento como base, Kenji Fujimori logró tener empatía con unos 25 congresistas de su bancada. Desde luego, simpatizaban con su causa de luchar ante todo por el indulto de Alberto Fujimori, quien visiblemente era ninguneado por los voceros. Pero, además, Kenji hacía algo que la dirigencia no acostumbraba: los escuchaba.

Sin embargo, cuando Kenji fue suspendido por su bancada, este sector no lo apoyó. Había hecho pública una carta de quienes lo respaldaban, y estos, que no querían publicidad, se resintieron. Tampoco querían enfrentarse abiertamente a Keiko y sus operadores, cuya mano dura es férrea. De este sector provienen los nueve que acompañaron a Kenji absteniéndose de votar por la vacancia de PPK.

Héroes y villanos

El escenario para Keiko Fujimori en Fuerza Popular con su padre en libertad es tremendamente complicado. De cara a su poder interno, el indulto la debilita aún más, convirtiendo en héroes a los diez rebeldes y en villanos a congresistas como Héctor Becerril, que acusaron al ex dictador de haberse aliado con la corrupción para obtener su indulto. La primera decisión que habrá de tomar Keiko y su alto mando es: ¿serán o no sancionados quienes votaron contra la decisión de vacar al presidente? Si se produce lo primero, la fractura del partido es un hecho, porque los réprobos podrían tener el apoyo de hasta la mitad de la bancada. Pero si se los perdona, por más que sea en aras de la “reconciliación” y otras figuras, solo queda evidenciada la pérdida de poder de la dirección actual.

Para adelante el dilema es mucho más profundo. Kenji Fujimori, apoyado por su padre, apunta a separar de su posición directriz a Pier Figari y Ana Vega. Hay también otras diferencias políticas, como la posición ante el nuevo gabinete de PPK, pero estas separaciones son lo primero. Podrían no ser aceptadas por Keiko, lo que mantendría divididos a los dos hermanos.

No retrocede

Según trascendió, el propósito de Alberto Fujimori es unir a Keiko y Kenji, lo que implicaría concesiones por ambos lados. Si Kenji no pone en cuestión el liderazgo de su hermana, estaría renunciando a la posibilidad de ser candidato presidencial. En el fondo no quiere serlo (o aún no lo desea). A cambio, Keiko tendría que ceder en materia de estructura de dirección y de línea política, en favor de posiciones más conciliadoras como las expresadas en diversos asuntos por su hermano. La gran pregunta es si podrá hacerlo.

−Diría que no le queda otra opción –dijo un observador interno−, pero ceder no va con su naturaleza.

Algo que en lo inmediato podría unir a todo el fujimorismo será la reacción ante diversas tentativas judiciales de anular el indulto. Es un hecho que PPK quería liberar a Fujimori desde mediados de año, pero ahora enfrenta la acusación de que canjeó la medida para obtener una votación favorable en el Congreso. Deberá demostrar que el proceso fue de acuerdo a ley. Si se comprueba fraude en la tramitación, la medida podría caerse en el corto plazo. Aún con este escenario, el terreno de confrontación de los hermanos Fujimori no está exento de colisión. La mayoría de la bancada, con la implícita felicitación de Keiko, fue, precisamente, la que denunció el “pacto con la corrupción” que habría dado a luz al indulto. 

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