Resistir e Insistir, por el Perú

30 Jul 2017 | 6:00 h

El poder no solo lo detentan y ejercen los corruptos que instrumentalizan la política para sus fines perversos y egoístas de llenarse los bolsillos con dineros sucios y de acumular más poder. El poder también lo detentamos los ciudadanos cuando les echamos en cara sus tropelías y delitos, su cinismo y mentiras; cuando estando mejor informados y ejerciendo nuestra capacidad crítica exponemos su vileza, su desprecio por los demás y por el Perú, sus delitos y fechorías, su traición. 

Los ciudadanos detentamos un poder al que los políticos y corruptos le temen: la voz del pueblo convertida en ruido político, en vociferante multitud que se da el tiempo, que se entrega por la causa común que no necesita pagos ni condicionamientos, que no pueden comprar ni alquilar, que sale de las entrañas porque la justicia y la patria son más que letras o símbolos, más que palabras son fuego interno y amor desinteresado. Y eso, a los corruptos les enerva, no lo entienden, no cuadra en sus cálculos en los que todo resuelven con dinero o amenaza. Por eso es que recurren al amedrentamiento, a la estigmatización del que marcha, del que protesta para que se le vea como revoltoso, antisistema o hasta subversivo. 

Nos llaman terroristas cuando salimos a marchar, a gritar, a gritarles sus verdades, esas que han borrado de sus espejos ya ni siquiera por vergüenza –porque hace mucho la perdieron– sino por hábito. Nos llaman terroristas o revoltosos porque nos quieren disminuir, nos quieren desanimar de ejercer este recurso último que es protestar abiertamente contra el abuso de su poder; nos llaman terroristas o revoltosos porque quieren que cada vez menos gente proteste, porque quieren robarnos también de este nuestro último reducto de lucha ciudadana por el país que queremos para todos. Pero no nos dejemos engañar, avasallar, amedrentar, amenazar. La calle es nuestra, el país es nuestro y si ellos no defienden los mejores intereses de todos por defender sus propios intereses, nosotros tenemos la responsabilidad ciudadana de articularnos y dar pelea. Confrontarlos y hacerles saber que no, que no aceptaremos los atropellos, los abusos, los delitos que en nuestra cara cometen.

Quizás aún seamos minoría, pero como me dijo claramente César Hildebrandt una tarde en la que me invadía el desaliento –como peruana, como ciudadana– ante la avalancha corrupta de Odebrecht-los políticos-y-el-poder-económico: hay que resistir e insistir. Y dio en el clavo. Por más desaliento y pesimismo que nos genere la tan putrefacta clase corrupta que nos gobierna desde el Ejecutivo, el Congreso, los partidos más organizados para el delito, el obstruccionismo chantajista, los dineros de lavado, de coimas, de platas que llegan solas, de blanqueo, DEA, Ramírez, narcoindultos, agendas a mano, agendas electrónicas, AG, indultos extorsionadores, y más, nuestro deber como ciudadanos es resistir e insistir, permanecer informados, tener conciencia crítica, defender cada uno desde nuestro rol aquello que los políticos destruyen con la corrupción en la que despachan: las instituciones, la verdad, la comunidad-Perú, la Justicia, el Estado de derecho, la calidad de nuestra democracia, el ánimo y la esperanza en un futuro mejor. A ellos no les importan, solo lo aparentan para poder seguir robándonos dinero, esperanza y futuro tras ese falso mascarón de proa de benefacción, legalidad y supuesto servicio social.  

De eso se trata mi libro, recientemente presentado: Resistir e insistir, y cuyo prólogo ha sido escrito por César Hildebrandt, el periodista y peruano que es un referente de consecuencia e integridad. Gracias a César por ser y estar; a Juan Damonte de Editorial Horizonte que me propuso poner en un libro una selección de mis columnas políticas; a Luis Enrique Mendoza, mi novio, por el cuidado en la edición, por encargarse de todo y de tanto y con tanto amor; a Walter Hupiu por la foto de la portada y por el activismo ciudadano empedernido; al diario La República –Gustavo Mohme, Charly Castro, Ernesto Carrasco– por permitirme ayer, hoy y mañana, escribir con libertad irrestricta; a Renato Cisneros y Moni Sánchez por ser compañeros, amigos y cómplices, y por acompañarme en la presentación en la feria en esa noche que volvieron mágica; a los cientos de personas que llegaron hasta allí para sentirnos juntos y fuertes; a mis padres, allá en algún lugar, por haber tenido la fortuna de beber de su ejemplo de honestidad, lucha y amor por los demás como ideales regulativos; a los compañeros y compañeras de luchas en las calles, que nos sumemos cada vez más, cada vez que sea necesario, que no les dejemos en bandeja el país a los corruptos. Esa es nuestra consigna patriota: Resistir e insistir, siempre, por ti, Perú.

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