Pérez vs. Pérez

El jueves 15 de noviembre se va a dar ese pulso que tanto hemos esperado entre los dos Pérez, Alan y Domingo, los que simbolizan dos países completamente opuestos

El jueves 15 de noviembre se va a dar ese pulso que tanto hemos esperado entre los dos Pérez, Alan y Domingo, los que simbolizan dos países completamente opuestos

El otro día encontré uno de los primeros artículos que escribí en mi vida. Era una reseña sobre un libro de Alan García. Hoy criticar uno de sus insoplables volúmenes por seudointelectuales y seudotodo se ha vuelto deporte nacional, pero en aquella época todavía tenía una mínima novedad. Yo estaba aprendiendo a escribir pero me mandé con un par de chistes: que como escritor Alan era un buen presidente y que su prosa estaba tan devaluada como el Inti. Me siguen pareciendo graciosos. Ahora una encuesta de CPI revela que es, en efecto, el político más devaluado. Si hay algo que heredé, por tradición familiar, es no creerle nada al Alan, al de los penales, al neoliberal, al del Baguazo, al de los narcoindultos, al de los petroaudios. Pese a ser el más acusado y denunciado de todos los gobernantes del Perú, también ha sido –gracias a sus permanentes vínculos con los poderes del Estado, en especial el de la Justicia– quien más ha logrado que prescriban sus delitos, que se excluyan y archiven sus casos.

Ahora es sujeto de la enésima investigación por corrupción, esta vez por supuestas irregularidades y tráfico de influencias en la licitación de la Línea 1 del Metro de Lima, mientras detrás se ve la alargada sombra de Odebrecht. Todo parecía indicar que volvería a librarse, que como decía mi papá, volvería a “batir su ego” y a mostrar su cínica sonrisa de hace décadas, hasta que ha topado con su némesis. Si Alan está desesperado e inventando golpes de Estado es porque se le acabó la fiesta. El jueves 15 de noviembre se va a dar ese pulso que tanto hemos esperado entre los dos Pérez, Alan y Domingo, los que simbolizan dos países completamente opuestos, uno que vive de la impunidad y otro que lucha contra ella. Esperemos que, más que a dos personas midiendo su verborrea –la presencia de Alan siempre garantiza floro y demagogia a raudales–, lo que veamos sea por fin al Perú encarnado en un juez honesto, interpelando a García por todo lo que nos debe

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