¿Quién está creando realmente la confusión?, por Beatriz Hou

Conviene dejar algo claro: el contexto político estadounidense no equivale a la realidad peruana. Las valoraciones estadounidenses sobre supuestas amenazas a la seguridad responden, en gran medida, a consideraciones subjetivas de competencia geopolítica.

Beatriz hou
La República

Beatriz Hou, China Media Group

"No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti". Cuando se recurre a la intimidación, las amenazas y la presión para privar a jóvenes de otros países de oportunidades de estudio y empleo, cabe preguntarse: ¿quién está creando realmente la confusión?

La libertad académica, el pluralismo, la inclusión y la transparencia constituyen pilares fundamentales de la gestión universitaria y la cooperación educativa internacional. Es legítimo que esta cooperación sea objeto de debate racional y supervisión imparcial. Lo que no corresponde es definirla unilateralmente, sembrar sospechas infundadas ni convertirla en instrumento de narrativas geopolíticas.

Un artículo de opinión reciente ha calificado irónicamente a los Institutos Confucio como institutos que inventaron la “confusión”, ha planteado numerosos cuestionamientos sin fundamento y ha llegado a ejercer presión, desde experiencias personales y posiciones políticas externas, para instar a las universidades peruanas a desconfiar y reconsiderar sus decisiones de cooperación.

Estos argumentos se alejan por completo de más de una década de experiencia educativa en el Perú e ignoran las vivencias y los logros de decenas de miles de estudiantes peruanos. Para evaluar un proyecto de cooperación educativa arraigado en el país y al servicio de la sociedad, el criterio no debe ser la inquietud política ni los prejuicios de terceros, sino la experiencia local, los beneficios concretos para los jóvenes y los resultados de desarrollo compartido para ambos países.

I. Cooperación voluntaria entre ambas partes y pleno respeto a la soberanía educativa del Perú

Los intercambios educativos entre China y el Perú constituyen una cooperación internacional formal, establecida por universidades de ambos países sobre la base de la confianza mutua, la igualdad y la libre voluntad. Se desarrolla conforme a las normas aplicables y dentro del marco institucional peruano.

En junio de 2005, China y el Perú suscribieron oficialmente un memorando de entendimiento para cooperar en la creación de Institutos Confucio. A lo largo de los años, ambas partes han establecido cuatro Institutos Confucio en universidades peruanas, respetando las leyes, el sistema educativo y las normas académicas del Perú. La gestión institucional, la definición de los programas de estudio y el funcionamiento cotidiano se realizan bajo la conducción, las decisiones y la supervisión de las universidades peruanas. La soberanía educativa, la autonomía universitaria y la independencia académica permanecen en manos del Perú.

Desde el inicio de sus actividades en dos mil nueve, los Institutos Confucio en el Perú han formado a más de 84.000 estudiantes locales. Durante más de una década, sus criterios de admisión, programas académicos, actividades culturales y estándares de exámenes de nivel han sido públicos. Su enseñanza se concentra en el aprendizaje del idioma chino y el intercambio cultural; no ha intervenido en las decisiones académicas de las universidades ni en sus sistemas internos de enseñanza.

II. Una respuesta a las necesidades de nuestra era y oportunidades reales para la juventud peruana

Desde su creación, los Institutos Confucio han mantenido tres misiones fundamentales: enseñanza de idiomas, difusión cultural y servicio a la sociedad. A medida que se profundizan las relaciones entre China y el Perú y se amplía la cooperación económica y comercial, la enseñanza del idioma contribuye al conocimiento mutuo entre ambas culturas y al acercamiento de sus pueblos. También abre oportunidades laborales a los jóvenes peruanos, fortalece su competitividad profesional y les permite participar mejor en el desarrollo nacional.

China es el principal socio comercial del Perú. Según datos oficiales peruanos, en 2025 las exportaciones peruanas a China alcanzaron los 33.400 millones de dólares. Más de 200 empresas chinas han invertido en el Perú en sectores como comercio, infraestructura, energía y servicios, dinamizando la economía local y generando numerosos puestos de trabajo de calidad. Esta estrecha relación económica y comercial ha creado una demanda real, sostenida y estable de profesionales que dominen el chino.

Durante más de una década, innumerables jóvenes peruanos han encontrado en los Institutos Confucio una plataforma para ampliar sus horizontes.

He entrevistado a muchos estudiantes, egresados y jóvenes profesionales vinculados a la cooperación entre China y el Perú. Muchos, gracias a una formación sistemática en chino, han logrado incorporarse a empresas chinas establecidas en el país y a instituciones con actividad internacional. Se han convertido en profesionales bilingües muy demandados y han accedido a oportunidades laborales estables y de calidad. Otros jóvenes, mediante cursos gratuitos y programas regulares de capacitación, han adquirido competencias lingüísticas que les permiten trabajar en comercio, servicios transfronterizos y traducción, mejorando sus ingresos y su competitividad laboral.

Asimismo, numerosos alumnos destacados han accedido, a través de estos institutos, a oportunidades de estudiar en China, participar en viajes de formación y competir en certámenes internacionales. Así han ampliado sus perspectivas y se han convertido en jóvenes promotores de la amistad chino-peruana. Me han dicho con sinceridad que aprender chino, conocer China y continuar allí sus estudios es una aspiración personal.

Los hechos demuestran que aprender chino no es solamente una experiencia cultural: es también una herramienta práctica para la formación y el empleo de la juventud peruana y para la inserción internacional del país.

III. Preservar la misión educativa y rechazar la politización de los intercambios académicos

El entendimiento entre idiomas tiende puentes entre los pueblos y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones favorece el progreso social. Los intercambios educativos entre personas no deberían recibir arbitrariamente etiquetas de seguridad ni quedar subordinados a la rivalidad geopolítica.

Durante más de una década, los Institutos Confucio en el Perú se han mantenido fieles a su misión educativa, trabajando en las universidades y las comunidades mediante clases de idiomas, exámenes de certificación y actividades culturales. Sus beneficios llegan de manera concreta a la población y a los jóvenes. Su finalidad es educar, promover el intercambio, tender puentes y fortalecer la amistad. Sus contenidos educativos son públicos y sus actividades no contemplan operaciones confidenciales ni representan los supuestos riesgos para la seguridad nacional que se les atribuyen.

La auténtica libertad académica y la independencia universitaria se expresan en la apertura, la inclusión y el intercambio plural, así como en la capacidad de cada universidad para elegir libremente recursos educativos internacionales de calidad, enriquecer sus programas y fortalecer su proyección internacional. No consisten en adoptar sin cuestionamientos narrativas externas ni permitir que las posiciones políticas de otros países determinen sus decisiones.

El artículo citado recurre al caso del Miami Dade College, en Estados Unidos, y a declaraciones del secretario de Guerra estadounidense para trasladar a otros países la lógica de la competencia política interna de Estados Unidos. A partir de ello, introduce el argumento de los riesgos de seguridad e insta al Perú a mantenerse alerta.

Conviene dejar algo claro: el contexto político estadounidense no equivale a la realidad peruana. Las valoraciones estadounidenses sobre supuestas amenazas a la seguridad responden, en gran medida, a consideraciones subjetivas de competencia geopolítica. No se ha presentado ninguna prueba concreta, verificable y convincente referida a los Institutos Confucio en el Perú.

Los intercambios educativos deben ser abiertos e inclusivos y estar al alcance de todas las personas que desean aprender. Los programas de estudios en China se basan en una concepción abierta del intercambio humano y cultural, con procedimientos regulados y criterios de acceso equitativos, y reciben a jóvenes de distintos países. He conocido a estudiantes peruanos que obtuvieron becas para estudiar en China. Sus testimonios coinciden: describen una experiencia académica segura y cómoda, una sociedad acogedora y un ambiente de aprendizaje abierto y libre.

En contraste, algunos países imponen estrictos controles previos para otorgar visas a estudiantes internacionales y requisitos de revisión más rigurosos en determinadas especialidades. Algunos estudiantes han enfrentado interrogatorios al ingresar, inspecciones de dispositivos electrónicos e incluso denegaciones de visa o deportaciones. Estas medidas levantan barreras artificiales a los intercambios académicos y educativos internacionales.

La cultura china que difunden los Institutos Confucio hunde sus raíces en una tradición de apertura e inclusión: enseñar sin discriminación, permitir la coexistencia de distintas escuelas de pensamiento y promover la igualdad entre civilizaciones, la diversidad y el aprendizaje mutuo. Resulta contradictorio que ciertos sectores proclamen su defensa de la libertad de expresión y la apertura académica mientras estigmatizan y politizan la enseñanza del idioma y la cultura china en el Perú, atribuyéndole arbitrariamente riesgos de seguridad. Cabe preguntarse: ¿quién respeta realmente la diversidad de intercambios y las diferencias? ¿Y quién pretende imponer restricciones, controlar el debate público y fomentar divisiones ideológicas?

China mantiene una política exterior independiente y de paz y se atiene al principio fundamental de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. Su cooperación educativa en el exterior tiene objetivos claros: difundir su idioma y cultura, compartir conocimientos, habilidades y experiencias de desarrollo, y alentar a los jóvenes de otros países a contribuir al progreso de sus propias sociedades tras completar sus estudios. Respeta la soberanía y los caminos de desarrollo de cada nación y no interviene en sus asuntos internos.

En marcado contraste, la persistencia de una mentalidad asociada a la Doctrina Monroe considera a América Latina una supuesta “zona de influencia”, interviene en los asuntos regionales desde una lógica hegemónica y condiciona su desarrollo, alimentando enfrentamientos y divisiones que afectan profundamente la estabilidad y la autonomía de la región. La diferencia entre ambas concepciones de las relaciones internacionales resulta evidente.

Ignorar los resultados de la experiencia peruana, interpretar la enseñanza de idiomas a través de un filtro geopolítico y amplificar deliberadamente las sospechas y las confrontaciones: eso es lo que realmente genera confusión en la opinión pública y distorsiona su juicio.

IV. Promover el intercambio mediante la apertura y responder a los prejuicios con hechos

Las civilizaciones se enriquecen mediante el intercambio y las sociedades progresan gracias a la apertura.

La cooperación educativa entre China y el Perú está arraigada en la realidad peruana, respeta su soberanía educativa, funciona de manera pública y transparente, apoya el desarrollo de los jóvenes y contribuye al beneficio mutuo. Es una de las manifestaciones más concretas, sencillas y sólidas de la amistad entre ambos países. La esencia de la educación es superar distancias, transmitir buena voluntad y ofrecer herramientas para crecer; nunca debería convertirse en instrumento de rivalidades geopolíticas ni de confrontación.

Las decisiones educativas del Perú deben corresponder a sus propias instituciones universitarias, a su realidad social, a las necesidades de sus jóvenes y a sus intereses nacionales, sin quedar condicionadas por discursos políticos extranjeros ni narrativas parciales.

De cara al futuro, debemos respetar más los hechos objetivos y dejar atrás los prejuicios. Más cooperación de beneficio mutuo y menos sospechas geopolíticas; más oportunidades concretas y menos interpretaciones unilaterales.

Que la educación recupere plenamente su vocación de formar personas; que los intercambios sigan construyendo amistad; y que los resultados reales, transparentes y beneficiosos para la sociedad pongan fin a la confusión que algunos intentan crear deliberadamente.

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