
*Embajador de los Estados Unidos de América en el Perú
¿Qué significa para una institución defender sus valores y proteger la libertad académica? ¿Cómo puede mantenerse abierta al intercambio cultural y, al mismo tiempo, proteger los intereses nacionales?
Se los diré. Como expresidente de la Junta Directiva de Miami Dade College (una de las instituciones de educación superior más grandes de los Estados Unidos) me tocó enfrentar esa tensión a raíz de nuestra experiencia con un Instituto Confucio. Su red en campus de todo el mundo nos ha puesto agresivamente a prueba y ha traspasado límites éticos. No permitan que estos Institutos de la Confusión los confundan.
En Miami Dade College recibimos de buena fe a un Instituto Confucio con el propósito de ampliar los horizontes culturales y lingüísticos de nuestros estudiantes. Eso nunca ocurrió.
Las cláusulas de confidencialidad impidieron que docentes y estudiantes conocieran cómo se dirigía y financiaba el instituto. Resultó que el Partido Comunista Chino (PCCh, por sus siglas en español) no era precisamente un vecino académico independiente y amistoso. Financian esta “red educativa” para influir en lo que una universidad enseña, en qué expositores son invitados a las aulas e incluso en lo que sus profesores pueden decir. También influye cada vez más en las decisiones sobre el financiamiento de investigaciones y las alianzas institucionales.
Podrán pensar que el monaguillo en la parroquia simplemente está aprendiendo chino para ayudar a los turistas extranjeros durante la misa, ¿verdad? Nosotros pensábamos lo mismo. Pero estoy aquí para decirles que los Institutos Confucio tienen algo más en mente. En 2019, nuestra Junta Directiva descubrió cómo estos “institutos” operaban de la mano con el PCCh, y votamos a favor de cerrar la célula que funcionaba en nuestro campus debido a los riesgos de seguridad. Protegimos a nuestros estudiantes y sus datos del seguimiento por parte de empresas que son propiedad del PCCh y que tenían acceso a nuestro campus a través del Instituto Confucio. Nos aseguramos de que nuestros estudiantes no fueran víctimas de la agenda oculta que Pekín tenía para su futuro. Y para proteger nuestras colaboraciones en el Perú, hacemos lo mismo: no podemos trabajar con las universidades que tienen estos institutos.
Esta no es solo la historia de Miami Dade. Más de 100 universidades de EE.UU. han cerrado Institutos Confucio desde 2019. Australia, Francia, Alemania, Suecia, Canadá y muchos otros países han adoptado medidas de protección tras experiencias similares. Por ejemplo, en el 2025, la asociación de universidades U15 de Canadá firmó un acuerdo para aplicar estándares más estrictos de seguridad en la investigación ante la amenaza que representa China para investigaciones sensibles realizadas en los campus.
Comparto estas historias porque otros líderes de la educación superior merecen conocerlas. Mi experiencia reafirmó dos verdades fundamentales:
1. La transparencia genera confianza
2. Las alianzas estratégicas deben fortalecer la independencia, no erosionarla
En ambos aspectos, los Institutos Confucio no cumplen. Los estudiantes, los docentes y las comunidades merecen conocer todos los términos de cualquier acuerdo de colaboración: quién lo dirige, quién lo financia y quién toma las decisiones. Decidir si albergar un Instituto Confucio es seguro para una institución, no es algo tan simple como pensar en generosidad o conveniencia. Es una decisión transcendental, con consecuencias a largo plazo que requieren una profunda reflexión.
La integridad académica, la independencia y la transparencia son los pilares de las universidades que contribuyen a construir grandes sociedades. Los valores académicos impulsan la prosperidad, el comportamiento ético y, sí, incluso la seguridad ciudadana. Lo contrario también es, sin duda, cierto.
Hay más de 40 Institutos Confucio en América Latina; el Perú alberga cuatro. Este año, me he reunido con rectores de algunas de las universidades más prestigiosas del Perú que albergan Institutos Confucio, entre ellas la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Católica de Santa María, en Arequipa. Compartí con ellos las mismas lecciones que guiaron a la Junta Directiva de Miami Dade en 2019.
Los valores, la gobernanza y la independencia del Perú deben permanecer en manos de los propios peruanos, no del Partido Comunista Chino y, sí, tampoco del gobierno de los Estados Unidos. Un Perú fuerte y estable es bueno para los peruanos, bueno para nuestra región y bueno para EE.UU.
Los Estados Unidos valora el intercambio educativo con todas las naciones. Los programas de enseñanza de inglés, los intercambios Fulbright y la colaboración en investigación forman parte integral de la manera en que los ciudadanos estadounidenses se relacionan con el mundo. El programa Fulbright en el Perú ha apoyado a muchos de los líderes más importantes del país durante años decisivos de su formación académica y profesional.
Recientemente recibimos en el Perú a representantes de 22 universidades estadounidenses para una feria de EducationUSA, ninguna de ellas controlada por el gobierno de los Estados Unidos, con el fin de presentar a estudiantes peruanos sus programas académicos. Más de 6 mil estudiantes se inscribieron con entusiasmo, con sus metas profesionales y sus sueños en mente.
Ha llegado el momento que las instituciones peruanas se pregunten: ¿estos Institutos de la Confusión reflejan sus valores? ¿Fortalecen a las instituciones peruanas y su futuro?
En Miami Dade College ya respondimos esa pregunta. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha declarado ahora que los institutos representan una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Ahora le toca al Perú. Manténganse alerta.

En esa dinámica surgen preguntas inevitables: ¿qué tan valiosa es la persistencia del Coyote? ¿Qué podemos aprender de la fe con la que enfrenta cada nuevo fracaso? Tal vez sea precisamente la repetición de la derrota lo que convierte esta historia en algo más que una comedia absurda.

Especificó en su testamento que su obra no fuera mostrada hasta veinte años después de su muerte, temía no ser comprendida.

“Dijo que ciertas preguntas no justifican un signo de interrogación. Que la exactitud es una cosa abstracta que puede introducirse para poner la historia fuera del alcance. Que la poesía es el zumbido de un momento en el tiempo”.

La disciplina escolar debe priorizar la prevención de la violencia, el respeto a la diversidad y la participación estudiantil, no la imposición de modelos de obediencia.

"Lo que está en juego es cómo una democracia distribuye el poder que tiene que ser limitado"