Los familiares al centro, por Eliana Carlín

Es urgente unir esfuerzos de organizaciones en defensa de derechos humanos para garantizar la seguridad de activistas y defensores, ante un entorno de creciente persecución política.

Gisella Ortiz siempre me ha parecido una persona admirable. La hermana de Luis Enrique Ortiz, estudiante de la Universidad Nacional de La Cantuta asesinado por el Grupo Colina al mando de Alberto Fujimori, es la imagen de la supervivencia y la perseverancia. ¿Cómo habría sido su vida si esa noche no hubiera desaparecido Luis Enrique? Ella era la líder femenina de las estudiantes de provincias en la residencia universitaria. Cada vez que la escucho o la leo, pienso en mi propio hermano y en lo que hubiera sido de mi vida si hubiera corrido la suerte de Luis Enrique. Gisella, su fuerza, su persistencia y su valentía interpelan y sublevan. Su hermano Luis Enrique no era un terrorista, y ella ha dedicado su vida entera a demostrarlo y a buscar justicia. En este momento, ella no está sola. Quienes seguimos su camino estamos con ella y con todos los familiares de víctimas.

La circunstancia terrible del segundo fujimorato debe poner al centro a los familiares de las víctimas y generar un llamado urgente de protección de su integridad y sus derechos humanos. Los antecedentes del trato a la oposición son de público conocimiento, y no podemos dar la espalda a quienes han dedicado media vida a la búsqueda de justicia. Que la campaña haya terminado sin esa exigencia no es excusa: es precisamente una alerta crítica que ahora hay que atender. Recordemos que, en el bloque de derechos humanos del debate presidencial, Fuerza Popular habló sobre carreteras. Ni siquiera esa evasión pareció incomodar a quienes desde sus butacas predicaron equidistancia.

Las organizaciones sociales, de defensa de los derechos humanos y los espacios de memoria deben converger en un frente común. La tarea urgente es desarrollar medidas de seguridad para defensores y defensoras, activistas, periodistas críticos y miembros del sistema de justicia que ya sufren persecución política bajo el cogobierno congresal de Fuerza Popular. El poder total que se avecina solo profundizará los abusos. No es momento de esperar: es momento de organizarse.

Termino citando un fragmento de la hermosa encíclica 'Magnífica Humanitas', de León XIV:

“Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en «no ser cómplices». Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el papa Francisco, debemos «tocar la carne» de quienes sufren: mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido”.