Así votaron los territorios con presencia minera, por José De Echave

Nueve regiones mineras fueron definidas como territorios clave en los resultados electorales, destacando la victoria de Juntos por el Perú en la mayoría de ellas, mientras Fuerza Popular lideró en departamentos costeros.

Habiendo terminado el conteo de la ONPE y estando pendiente la revisión de las actas observadas, las elecciones presidenciales y congresales del pasado 12 de abril han terminado de configurar un mapa político a nivel nacional que muestra algunos rasgos nuevos y a la vez algunas constantes en las diferentes regiones del país.

 Tomando en cuenta la importancia económica de la minería en el Perú y en un contexto de demanda creciente de los denominados minerales críticos y de expansión minera en sus diferentes estratos, siempre es importante revisar los resultados que se han dado en las diferentes zonas con marcada presencia de esta actividad.  

 Un primer aspecto a precisar es cómo se define a un país, a una región o a un departamento como minero. Se dice que un país puede ser considerado como minero cuando su economía es altamente dependiente de la extracción y exportación de minerales: la referencia que se utiliza es la de una participación por encima del 10% del Producto Bruto Interno y más del 30% de las exportaciones. Si tomamos en cuenta estas referencias, el Perú es, en efecto, un país con una alta dependencia de la minería.

Si aplicamos estos criterios a nivel subnacional, las siguientes regiones o departamentos pueden ser considerados como territorios con una clara influencia minera: Ancash, Arequipa, Ayacucho, Apurímac, Cajamarca, Cusco, Huancavelica, Ica, Junín, La Libertad, Madre de Dios, Moquegua, Pasco, Puno y Tacna. Cabe señalar que, precisamente, en estas regiones se ubican los principales proyectos mineros (de gran escala), tanto en etapa de producción como algunos en proceso de construcción y ampliación. Además, en regiones como Madre de Dios, Puno y La Libertad, Ica, Arequipa, entre varias otras, también está implantada la denominada minería informal y la abiertamente ilegal, que tiene una influencia creciente en la actividad económica de varios departamentos.

 Viendo el mapa de resultados electorales en las denominadas regiones con presencia minera relevante, la primera conclusión es que en nueve de ellas ha ganado la organización política Juntos por el Perú: Apurímac, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huancavelica, Pasco, Puno, Madre de Dios, Moquegua. Mientras que Fuerza Popular gana en Ancash, Ica y Junín; en Tacna gana el Movimiento Cívico Obras y en Arequipa el Partido por el Buen Gobierno.

 Sin embargo, es necesario hacer un análisis más detallado ya que, si bien es cierto que, por lo general, en los departamentos donde las capitales se ubican en la costa, Fuerza Popular se impone, no lo hace necesariamente en las provincias andinas de esos mismos departamentos: Piura, La Libertad y hasta alguna provincia de Lima, son algunos ejemplos. Ancash, donde también viene ganando Fuerza Popular, merece una mención especial, ya que su capital, Huaraz, se ubica en la zona andina del departamento y una de sus 20 provincias, la de Santa, ubicada en la costa, es la más extensa y poblada. En Ancash también se nota el comportamiento electoral diferenciado entre las provincias de la costa y la sierra.     

 Este análisis lo podemos trasladar a las provincias donde se ubican las principales operaciones de minería a gran escala. Por ejemplo (ver tabla), se aprecia que en 9 (de un total de 12 provincias con presencia de una minería a gran escala) gana Juntos por el Perú: lo hace en Huari, Ancash (Antamina); en Cotabambas, Apurímac (Las Bambas); en Cajamarca, en la región del mismo nombre (Yanacocha); en Espinar, Cusco (Antapaccay); en Chumbivilcas, Cusco (Constancia); en Pataz, La Libertad (Poderosa); en Mariscal Nieto, Moquegua (Cuajone y Quellaveco); en Pasco, en la región del mismo nombre (Pasco/Volcan); y en Jorge Basadre, Tacna (Toquepala). Por su parte, Fuerza Popular gana en 2 provincias: en Nasca, Ica (Shougan y Minas Justa) y Yauli, Junín (Toromocho), mientras que el Partido del Buen Gobierno gana en Arequipa (Cerro Verde).

Resultados electorales en las provincias en los que se ubican los principales proyectos de la gran minería (2026)

Resultados electorales en las provincias en los que se ubican los principales proyectos de la gran minería (2026)

¿Estos resultados son una novedad? En realidad, no. Con algunas pequeñas variaciones, han sido una constante en los últimos procesos electorales: ocurrió en el 2006, 2011, 2016 y también en el 2021: agrupaciones políticas que cuestionan las vigentes reglas de juego son las que están mejor posicionadas para captar el voto de poblaciones que han estado en el centro de la conflictividad social en el país y sus demandas han sido permanentemente postergadas.

 Por otro lado, es importante remarcar que, en términos generales, donde hace 5 años ganó Perú Libre, ahora gana Juntos Por el Peru, salvo en la provincia de Arequipa (donde ha ganado el Partido del Buen Gobierno) y la de Yauli, en Junín (donde ha ganado Fuerza Popular). Sin embargo, es bueno precisar que los porcentajes de votación que obtiene Sánchez están por debajo de los porcentajes que obtuvo Castillo en su momento.

 Un ingrediente que en la actualidad tiene un mayor peso es la expansión de la pequeña minería, artesanal, comunal, en algunos casos informal y abiertamente ilegal. Si bien este tipo de minería ya existía en varias zonas del país, en los últimos años presenta un avance notorio y tiene una gran influencia económica y política a nivel nacional y en las provincias en las que se implanta. 

 ¿Qué lecciones podemos sacar de este nuevo dato de la realidad que el país envía? En primer lugar, que siguen pendientes varias tareas: el reto sigue siendo cómo construir gobernabilidad democrática; cómo se construyen los necesarios equilibrios económicos, sociales, culturales y ambientales que están haciendo falta desde hace bastante tiempo y, cómo se logra finalmente que los poderes económicos vinculados a la minería, no rebasen la capacidad que debe tener una sociedad de controlar y regular esta actividad en función del bien común. Esto es válido para todos los estratos de la producción minera.

 Reconocer nuestras diversas racionalidades y realidades forma parte esencial del ejercicio democrático. El resultado electoral en las zonas con presencia minera debería tomarse en cuenta. Debería servir para avanzar, no para estancarnos y menos aún para correr el riesgo de retroceder. Habrá que ver cómo se desarrolla el debate en torno a la agenda minera en la segunda vuelta.