Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.
Como se ha indicado en ocasiones anteriores, un porcentaje significativo de la población decide su voto en la última semana. Sin embargo, lo usual es que desde un mes antes (estamos en esos días) comiencen a moverse los números que las encuestadoras van reportando mes a mes o semana a semana. Ahora que lo digital es omnipresente, ya no solo es mirar las encuestas, sino los indicadores que muestran las redes sociales o Google Trends;todo se agita de repente.
Es importante insistir en que el patrón de toma de decisiones que se observa en el electorado no responde a una falta de responsabilidad ciudadana,sino que está fuertemente vinculado a una situación estructural donde los partidos políticos han fracasado en su rol de representación de los intereses colectivos. Ser peruano es una suerte de contradicción entre vivir asumiendo que se puede esperar poco o nada del Estado y a la vez reclamar porque esos derechos se realicen. Algo semejante ocurre con la democracia; se espera algo de ella a pesar de sentirse muy insatisfecho con la misma. Con los partidos políticos, y en particular con las elecciones, el asunto es más grave. No se espera nada de los partidos y solo cuando vienen las elecciones se reanima la esperanza de que el voto cambie algo. Pero el voto es básicamente percibido como un huachito. En eso estamos.
Esta tormenta será más intensa. Comparando los resultados de las encuestas de Ipsos del anterior proceso electoral (de marzo del 2021) y de marzo de este año, vemos que el movimiento que se viene puede ser mucho más intenso aún. En marzo del 2021, la encuesta de Ipsos registraba un total de 27% de votos blanco/viciado/ninguno y no precisa. Este marzo del 2026, ese rubro es 32%. Hay una mayor proporción de voto por definir. Sin embargo,además, en marzo del 2021 seis candidatos concentraban la mitad de la intención de voto del país. Hoy hay que sumar la intención de voto de once candidatos para llegar a cifra semejante. Versus el 2021, faltando igual unos 30 días, hay más indecisos y, entre los que dicen que votarían por alguien, hay el doble de dispersión. El consuelo es que, en comparación al 2021, hay mejores candidatos (aunque no sean conocidos), y para todos los gustos.
La novedad de estos días ha sido el crecimiento de algunos postulantes y la realización del primer simulacro de voto (Ipsos en este caso). Con relación al primer punto, algunos indicadores en ciertas redes sociales, los datos que ofrece Google Trends y el boca a boca cotidiano sugerían el probable crecimiento de Wolfgang Grozo (activo en TikTok) y, en cierta medida, de Jorge Nieto (activo en Twitter).Todo lo señalado debe ser tomado en cuenta para seguir el clima electoral, pero es mejor esperar ytriangular o cruzar información para estar seguros de que lo que aparece en el medio digital, al menos, es algo orgánico y no producto de la inversión de algún candidato. Considerando el conjunto de encuestas conocidas al momento (CPI, Datum, Ipsos), el crecimiento del candidato de Integridad Democráticaes un hecho, pero no sabemos si continuará.Tomando en cuenta los datos de Ipsos, sucrecimiento se estaría dando en un sector de los votantes más jóvenes (18 a 25 años), en particular varones, de los niveles socioeconómicos A, B y C limeños. Considerando el estilo y lo que Grozo ha declarado, diera la impresión de que un sector del electorado, más ubicado en lo que se podría llamar promercado en lo económico, conservador en lo social y deseoso de una mano dura en lo político(una forma de entender hoy la derecha), ha encontrado un candidato que se puede percibir como nuevo en política, sin la imagen desgastada y de perdedora de Fujimori ni con la radicalidad oagresividad de Rafael López Aliaga (RLA). Si en la decisión de voto pesa la imagen del candidato, Grozo tiene una más fresca y, hasta ahora, con poco o ningún anti significativo. Su condición de exmilitarla comparte con Williams, pero este último es parte del establishment desgastado. Un sentimiento semejante se movilizó en el 2016 cuando grupos de jóvenes apoyaron a PPK en lugar de a Keiko Fujimori. El asunto para Grozo es que su crecimiento es temprano y no ha mostrado capacidad para responder a los diversos cuestionamientos que se le han hecho luego de lograr protagonismo en las encuestas. Su escenario ideal es quitarle puntos a RLA para luego ir por los de Fujimori y algo más, pero su pesadilla es terminar como Espá. Veremos.
Eso nos lleva al simulacro de Ipsos. Mi primera impresión es que, salvo casos puntuales, no hay diferencias significativas entre lo que dice el encuestado y lo que marca en la cédula. Incluso, el porcentaje que en la encuesta aparece en el rubro Blanco/viciado/ninguno más el No precisa (32%) es muy parecido al 34.8% del Blanco/viciado de los votos emitidos al marcar la cédula. No hay mayor evidencia de voto oculto. Sí llama la atención el voto emitido (simulacro) por APP (Acuña). Es 5.3% en el total nacional (semejante al 4% de la encuesta), peroel simulacro le otorga a APP un 0.9% en Lima y 7.6% en el interior. No está desagregado por macrozona, pero podría ser el peso del norte. El clientelismo tiene su público.
Hay todavía mucho por delante; esto recién comienza. Falta que la gente siga enganchándose y definiendo. En el simulacro que hizo Ipsos, en las elecciones pasadas durante estas mismas fechas, el porcentaje de blancos y nulos era 19.6%, no muy lejano del resultado oficial de las últimas dos elecciones presidenciales. El simulacro de Ipsos de este marzo 2026 tiene el 34.8% ya señalado. Esta diferencia puede responder a lo complicado de la cédula, al rechazo hacia la política en general, no lo sabemos, pero es bastante mayor y puede traer diversas sorpresas.

Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid, docente del departamento de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre comunicación política, cultura política y populismo.