Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
* Por Indyra Oropeza, presidenta de la ONG Con L de Leucemia
Hace una década, un simple chequeo médico me cambió la vida. Tenía 20 años, era mamá soltera de una niña de 2, sin síntomas ni sospechas. Mientras soñaba con el futuro, una leucemia mieloide avanzaba en silencio dentro de mí. A los 23, un trasplante de médula donado por mi hermano me salvó. Pero mientras yo tuve esa oportunidad, otras personas no la tuvieron. Y no fue por falta de coraje: fue por falta de Estado.
Desde entonces he visto crecer un enemigo que ya no respeta edades. El cáncer dejó de ser “una enfermedad de adultos mayores”. El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos alerta que cada año se diagnostican 1,3 millones de casos en jóvenes entre 19 y 39 años. Y la BMJ Oncology confirma que el cáncer de inicio temprano ha aumentado 79% en las últimas tres décadas. Perú no es la excepción: entre el 15% y 18% de los casos de cáncer de mama golpean ya a mujeres menores de 40 años.
Y mientras el cáncer avanza, el Estado se queda de brazos cruzados. De acuerdo con el Semáforo Oncológico (2023), el 34% de mujeres diagnosticadas con cáncer de mama o cuello uterino nunca se habían hecho un chequeo previo. No porque no les importara su salud, sino porque no tuvieron acceso, porque nadie llegó a tiempo, porque en este país prevenir sigue siendo un privilegio y no un derecho.
La detección temprana no es un eslogan médico: es una oportunidad de vida. Por eso, desde Con L de Leucemia lanzamos “Mi primera vez”, una campaña para invitar a los jóvenes a realizarse su primer chequeo oncológico. Nuestro mensaje es directo: “No chequearse una vez al año, sí hace daño”. Queremos que la juventud pierda el miedo a los exámenes y se apropie de su autocuidado. Pero también queremos que el Estado deje de mirar hacia otro lado.
Porque no se puede hablar en serio de prevención si el sistema de salud ni siquiera tiene con qué responder. A octubre, el Ministerio de Salud del Perú ha ejecutado apenas el 15,4% del presupuesto en equipamiento oncológico y ha recortado S/79 millones destinados a detección temprana. ¿Cómo pedirle a la gente que se haga un chequeo si no hay mamógrafos ni personal suficiente? ¿Cómo salvar vidas si el dinero está guardado mientras los pacientes mueren esperando?
“Mi primera vez” no es solo una campaña ciudadana: es una denuncia y un llamado a la acción. Porque la prevención no puede depender de la suerte ni de si vives en Lima o tienes muchos recursos. La prevención tiene que ser política pública real, sostenida, con presupuesto ejecutado y responsabilidad compartida.
Yo sigo aquí porque un día no tuve miedo a una aguja y me hice un examen a tiempo. Pero eso no debería depender del azar. Cada joven que hoy no accede a un chequeo es una vida que el Estado está abandonando en silencio. La verdadera lucha contra el cáncer no se gana con discursos ni con afiches, se gana con decisiones valientes y presupuesto bien usado. Prevenir salva vidas, pero solo si el Estado cumple su parte. Los ciudadanos estamos listos para actuar. ¿Y el Estado?

Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.