Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
por Enrique N. Urteaga Araujo, investigador de Estudios Indianos de la Universidad del Pacífico.
Cada octubre, Lima se transforma en un escenario morado –incluso durante la pandemia de la COVID, muchos creyentes colocaron banderas moradas y blancas en sus casas–, las calles del centro histórico se llenan de incienso, hábitos morados, viandas tradicionales y fe. Muchos limeños recordarán quizá la primera vez que vieron una procesión del Señor de los Milagros junto a sus padres o abuelos. Este 2025 la sagrada imagen volverá al Callao. Gracias a los archivos fotográficos de los diarios limeños sabemos que en 2003 visitó la ciudad chalaca después de 46 años y que, en 1996, con el Nazareno Móvil, visitó distritos como San Luis y Villa El Salvador; al año siguiente visitó la zona norte de Lima.
Cuando abordamos el tema del Señor de los Milagros, solemos olvidar que su culto nació en la periferia geográfica –el barrio de Pachacamilla– y en la periferia social de la capital del virreinato del Perú. Fue una devoción de esclavos africanos, mulatos pobres y desposeídos. Esta imagen de la devoción católica, pintada por un esclavo angoleño hacia 1650, ha sobrevivido terremotos, reformas artísticas, crisis sanitarias y el crecimiento urbano.
El pasado 18 de septiembre el arzobispo de Lima, cardenal Carlos Castillo, anunció la iniciativa de llevar al Cristo Morado al Callao, en el Nazareno Móvil, el 26 de octubre. Según el cardenal, esta propuesta responde a una lectura pastoral de los signos de los tiempos: “acercar la esperanza a los lugares donde más se necesita”. El recorrido se iniciará en la avenida Tacna y continuará por las avenidas Nicolás de Piérola, Óscar R. Benavides, Tingo María, Mariano H. Cornejo, Universitaria, La Marina, Guardia Chalaca, Sáenz Peña y Pacífico. En este último punto, se oficiará una misa antes de retornar a su santuario.
El entusiasmo no es solo del clero y devotos. El alcalde del Callao, Pedro Spadaro, consideró que este evento es una “jornada que promete ser de fervor y reflexión”; mientras que Ciro Castillo, gobernador regional, gestionó la logística necesaria para el acontecimiento. Los chalacos, en redes sociales, han expresado su emoción y los vecinos más antiguos han rememorado sus anteriores visitas.
En una ciudad que cambia de aspecto radicalmente con cada década, el Cristo Moreno sigue trazando un recorrido en la memoria de las generaciones. Llevar la tradición y la fe a otros espacios reconoce la dimensión espiritual de los sectores populares que son tan golpeados por la desigualdad, la violencia y el abandono por parte de sus gobernantes. Así, este octubre la imagen vuelve a recorrer espacios que no son recorridos de forma tradicional, pero que construyen un legado que avanza a través del tiempo.

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