
En Nueva York, la presidenta Dina Boluarte se presentó con un discurso plagado de autocomplacencia y omisiones. “Nunca me imaginé que aquellos que estaban perdiendo el poder enquistado con el expresidente pudieran recibir a una mujer que vino en esa fórmula presidencial de una manera brutal, no les importó el Perú”, declaró, como si los cuestionamientos a su legitimidad fueran un simple capricho de adversarios políticos.
La mandataria omite, sin embargo, la realidad más cruda de su gestión. Lo que en verdad ocurre es que el Perú vive un aumento sostenido de la criminalidad. Tan solo este año, se registraron más de 5.260 homicidios, la cifra más alta de la última década.
Boluarte tampoco menciona que está denunciada por homicidio a raíz de la represión que dejó más de 60 muertos en las protestas de 2022 y 2023. En lugar de responder a la justicia, ha tejido una coalición parlamentaria autoritaria que cogobierna con ella y que, a cambio de impunidad, ha cooptado las principales instituciones del país.
La jefa de Estado intenta mostrarse en el exterior como garante de estabilidad, pero dentro del país gobierna con la represión como sostén y la corrupción como escudo. Un Estado incapaz de frenar el crimen organizado, un régimen cada vez más autoritario y una economía debilitada por la falta de confianza.
La consecuencia de este pacto perverso no solo es la erosión de la democracia, sino también la generación de un clima de fuga de talentos y de capitales, pues la imprevisibilidad del desgobierno ha contaminado al propio aparato judicial nacional.
Esta es la verdad que un discurso edulcorado no podrá jamás ocultar. Además, trata de engañar a empresarios que pueden constatar estos hechos con mucha facilidad, exponiéndose a lo que ya muchos comentan entre los pasillos del edificio de las Naciones Unidas: que la señora Dina Boluarte miente.
Lo que no dice en Nueva York es lo que define su mandato: un poder sostenido en la violencia y una profunda indiferencia frente al futuro de la nación. Y al parecer, con desprecio a la clase empresarial que busca invertir en nuestro país. Los negocios duraderos y sostenibles no se logran mintiendo, señora presidenta.

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