
En el concurso de las noticias que ya no sorprenden a nadie, destaca el descubrimiento de que una autoridad o una celebridad tiene intereses en la minería del oro. Si vamos a creerle a los medios, son varios cientos de personas. Si extrapolamos eso, estamos hablando de miles. Es decir, una real fiebre del oro, con todo lo que estas acarrean.
Un estudio de la SNMPE afirma que la minería informal produce casi el 40 % del oro en el Perú, lo que equivale a US$ 4 000 millones anuales. La cantidad de mineros informales e ilegales se estima entre 100 000 y 500 000. No se dice, pero ellos están distribuidos por todo el país. No es, pues, una erradicación sencilla.
¿Por qué erradicarlos? La respuesta automática es porque no pagan impuestos, o en algunos casos, como en Madre de Dios, dañan el medio ambiente, y en otros se aglutinan en mafias socialmente dañinas. Además, son un factor corruptor de la administración pública a todo nivel. Hasta hace no mucho, era algo así como la versión del narcotráfico no satanizada por los gringos.
De otra parte, cabe advertir que estos mineros ilegales son productivos. Pues si bien no tributan, tampoco reciben servicios del Estado; por ejemplo, seguridad frente a colegas deshonestos y violentos. Aunque a veces el deshonesto y violento es el propio minero ilegal que comentamos, como viene sucediendo en distritos mineros como Pataz.
Es público y notorio que importantes y abundantes figuras de este gobierno son parte de eso que Charles Chaplin llamó la quimera del oro. El oro a unos los vuelve agrimensores, como en el caso del ministro de Cultura, y a otros los precipita a reuniones cuyo propósito podemos imaginar. No hay muchas ganas de interrumpir un negocio tan bueno.
Con congresistas y ministros actuando a favor de esa minería ilegal, ella solo puede crecer en número de personas, en volumen de negocios, en presencia política. Un esquema no tan diferente de la famosa prohibición del alcohol en los EE. UU., de los años 1920 a 1933. Entonces todo el mundo se puso a chupar con frenesí. Aquí la cosa es con pico, lampa, explosivos y contactos.
Los grandes mineros contemplan azorados la impotencia, real o deliberada, del Estado central o de los gobiernos regionales. Algunos no descartan llegar a ser físicamente despojados.

A lo largo de un siglo, surgen preocupaciones sobre el uso militar y la posible conciencia de las máquinas, evocando una crisis de confianza en la tecnología.

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Reconocida por publicar la primera edición de "Ulysses" de James Joyce en 1922, la librería es un símbolo de resistencia literaria. Beach fue encarcelada por negarse a vender un libro a un oficial nazi en 1941.

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